«La izquierda abertzale no retrocede jamás. Da media vuelta y sigue avanzando». El viejo aforismo al que solía recurrir el 'histórico' dirigente de HB Jon Idígoras para justificar ante sus bases los vaivenes del mundo radical cobra hoy más vigencia que nunca para explicar los movimientos que han sacudido en los últimos tiempos desde dentro a la ilegalizada Batasuna y su entorno. La pugna interna entre el pragmatismo personificado en Arnaldo Otegi y los sectores más inmovilistas y ortodoxos -agrupados en torno al líder del movimiento de apoyo a los presos de ETA, Juan Mari Olano- se ha saldado, por el momento, con una victoria a favor de las tesis del primero, que son ahora también las de la mayoría del entramado de la izquierda radical. Y eso, a pesar de que los más proclives a seguir explorando a toda costa la vía dinamitada por ETA con la bomba de Barajas del 30 de diciembre han tenido que 'vender' ante su propia militancia lo que, en la práctica, podría parecer una rebaja en sus reivindicaciones tradicionales.
La razón de fondo del triunfo de la estrategia más posibilista estriba -según diversos medios consultados conocedores del proceso- en la urgencia de dar pasos que allanen el camino hacia las urnas en las elecciones municipales y forales de mayo, un objetivo «prioritario» para un mundo que no puede permitirse permanecer otros cuatro años en el ostracismo político sin riesgo de desaparecer. En esta misma lógica, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, por su parte, habría logrado frenar con su política de gestos hacia la izquierda abertzale -el último, la prisión atenuada para Iñaki de Juana Chaos, pero también por ejemplo al apoyo parlamentario a las ayudas a familiares de presos- al sector liderado por la Askatasuna de Olano. El Ejecutivo socialista pretendería también así facilitar el viaje de Batasuna hacia la legalidad -muy posiblemente con una nueva marca electoral- y mantenerse a resguardo de una posible decisión de ETA de retomar los atentados mortales. «El Gobierno sabe que sólo con una Batasuna legalizada estaría en condiciones de encarar otro proceso de paz», se apunta en círculos políticos vascos.
La estrategia gubernamental ha logrado dar oxígeno a Otegi en un momento en el que el sector más 'duro' ganaba protagonismo a pasos agigantados. Poco tiene que ver el Olano que capitalizó la manifestación de la semana pasada en Bilbao con el que el viernes se comprometía a «pasar página» tras la concesión del segundo grado a Iñaki de Juana y a «no restregar por la cara» al Ejecutivo socialista una decisión que reconocía como «complicada». El propio líder de LAB, Rafa Díez Usabiaga -a quien muchos señalaban como cabeza visible de un hipotético nuevo partido de la izquierda abertzale tras dejar el sindicato- agradecía la excarcelación del recluso en huelga de hambre como un «soplo de aire fresco» para desbloquear el tablero político.
Este posicionamiento estratégico de la izquierda abertzale obedecería a un pacto tácito «de bases» entre los diferentes sectores radicales, apuntalado por el 'toma y daca' con el Gobierno, y que ha ido alimentándose con gestos de mayor o menor calado en las últimas semanas. En ese contexto se inscriben, por ejemplo, la propuesta de Batasuna de conformar una autonomía entre Euskadi y Navarra dentro de España y previo refrendo de la ciudadanía -aunque con «derecho a decidir»-, las declaraciones de Otegi en las que negaba que el Estado deba pagar «precio político» alguno a ETA o el rechazo de EHAK a la violencia el viernes en el Parlamento, aunque matizase después que se refería a la Ley de Partidos. El acto de ayer en el polideportivo Anaitasuna de Pamplona -en el que Batasuna exhibió el respaldo que concita su propuesta autonomista- culmina la apuesta por recuperar la vía del acuerdo.
El catalizador
Fuentes conocedoras de la dinámica interna de Batasuna apuntan que el atentado de Barajas fue el auténtico «catalizador» del debate en ese mundo, y el que obligó -ante el riesgo cierto de quedar fuera de juego- a la izquierda abertzale a dar pasos que, en otras circunstancias, habrían tardado mucho más tiempo en dar. Lo que Batasuna contemplaba como «punto de encuentro» entre las fuerzas políticas vascas tras constituirse la mesa de partidos -partiendo en su caso de posiciones maximalistas- se habría convertido en «punto de partida» y en aportación propia de la izquierda radical por exigencias del guión.
De hecho, los partidos vascos coinciden en señalar que los dirigentes de Batasuna les han confesado en privado que la ruptura del alto el fuego les dejó «descolocados» y les han insistido por activa y por pasiva en que el proceso de paz «no está roto». Azuzada por esa urgencia, la izquierda abertzale puso sobre la mesa la posibilidad de una autonomía para las tres provincias vascas y Navarra sin haberla sometido a una discusión interna previa, aunque sí ha trabajado para socializarla entre sus bases después de presentarla en público el 7 de febrero. La aceptación de la iniciativa ha sido mayoritaria en las asambleas locales, que actuarían, en realidad, como «correa de transmisión» de los propios equilibrios de fuerzas entre los dirigentes. «Si hay algo que caracteriza a las bases de la izquierda abertzale es la disciplina. Si antes del atentado se rebelaron fue porque, en realidad, una parte importante de los dirigentes no estaba de acuerdo con la marcha del proceso», apuntan fuentes cercanas a ese mundo, que consideran también que la preeminencia de las peticiones sobre Navarra -de manifiesto de nuevo ayer- obedece también a razones pragmáticas. «Saben que es el único 'plus' más allá del plan Ibarretxe que podrían lograr».
Han sido rostros históricos de HB -como Txomin Ziluaga o Koldo Gorostiaga- los encargados de publicitar el acto de ayer en el Anaitasuna y de subrayar el respaldo de las bases a la propuesta vasco-navarra. Se pretendería así transmitir la imagen de que el nuevo proyecto político no supone un retroceso en las aspiraciones de Batasuna sino la actualización de una tesis que ya estaba desde hace años en el bagaje de la izquierda abertzale, una explicación que también se recoge en el documento interno con que se argumenta ante las asambleas la oportunidad de la propuesta. De hecho, el texto presentado hace casi un mes se basaba en otras iniciativas desarrolladas por la izquierda radical en las últimas décadas, sobre todo en el Estatuto Nacional de Autonomía, un proyecto auspiciado por HB en 1990 y promovido en parecida situación a la actual, tras el final de la tregua de Argel y el fracaso de las negociaciones con el Gobierno de Felipe González.
La pugna en la banda
La gran incógnita ahora, según coinciden en subrayar las fuerzas políticas vascas, es la actitud de ETA, que no se ha pronunciado desde su último comunicado emitido tras el atentado de Barajas, y los ritmos que la banda pretenda marcar, que condicionarán el margen de maniobra de Otegi. En medio de lo que se presupone como una fuerte pugna en la banda entre los partidarios de dejar las armas en el corto plazo y los que preferirían forzar la máquina para tratar de obtener mayores réditos, las fuerzas políticas sitúan la «clave» del futuro del proceso en el próximo pronunciamiento de la banda terrorista.
Éste debería producirse, según apuntan, como muy tarde hacia mediados de abril, ya que el día 23 del mes próximo concluye el plazo para presentar las candidaturas a los comicios locales y forales. «Si ETA ratifica los planteamientos de Batasuna y avala un proceso de paz sin precio político, el conflicto estaría superado 'de facto'», subraya una fuente del tripartito. «La presencia electoral estaría garantizada porque si no hay violencia tampoco sería estrictamente necesario condenarla», apunta otra. No obstante, hay quienes creen que la banda podría tratar de apurar al máximo los plazos y posponer el comunicado hasta después de la cita electoral, si la izquierda abertzale hubiese logrado previamente acceder a las urnas, algo poco probable sin una condena de la violencia.