Algo tan natural y hasta saludable como el pronunciado canalillo de Magdalena de Suecia se está convirtiendo estos días en un auténtico desfiladero por el que acaban precipitándose al vacío los machistas que a él se asoman. Magdalena es mujer de belleza exuberante tirando a rolliza y esto en los andróginos tiempos que corren por lo visto desconcierta y descoloca. A ello se añade que la dueña de esas curvas está encantada con su cuerpo serrano y lo exhibe siempre que puede; lo cual, siendo princesa casadera y, por ende, invitada habitual de cuanto sarao regio se organice en Europa -bodas, bautizos, banquetes...-, ocurre a menudo.
Magdalena viene a ser al Gotha lo que Scarlett Johansson al cine. Es decir, la antítesis de Victoria Beckham. Y si fuera actriz, le lloverían los contratos. Pero como es princesa, y encima nórdica, le llueven las críticas. Las últimas las ha cosechado durante las múltiples y variadas fiestas celebradas hace unos días en Oslo con motivo del septuagésimo aniversario del rey Harald de Noruega.
Hasta ahora, la Historia había registrado guerras entre dos países por un estrecho o por un canal. Pero jamás por un canalillo. Magdalena, sin embargo, lo ha hecho posible. Su escote ha provocado una auténtica batalla mediática entre la prensa noruega, que la acusa de haber eclipsado al propio rey Harald, y la sueca, que defiende sus encantos y acusa a sus vecinos de machistas y salidos.
De haber nacido en Valencia, a Magdalena la habrían nombrado a estas horas fallera mayor de esa falla titulada 'Historia de una teta', sus partidarios y detractores se habrían batido en duelo con cuatro petardos y todo solucionado. Pero ella es sueca y en Suecia son más de Bergman que de Berlanga. Allí al canalillo le llaman abismo... Vértigo da pensarlo.