Domingo, 4 de marzo de 2007
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SOCIEDAD

ENTRE MUJERES

MARÍA DEL MAR ESQUEMBRE | JURISTA
«Hemos igualado los dos sexos por el lado malo»
Dirige el Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad de Alicante desde el año pasado
«Hemos igualado los dos sexos por el lado malo»
PESIMISTA. Está horrorizada con la violencia escolar. / F. GÓMEZ
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DE CERCA LA FICHA
Nació en Monóvar (Alicante) en 1969.

Estudió Derecho en la Universidad de Alicante, donde ha desarrollado su carrera académica.

Es doctora desde 1998. Su tesis versó sobre el derecho de rectificación en los particulares en los medios de comunicación.

Desde diciembre de 2006 dirige el Centro de Estudios sobre la Mujer de la misma Universidad.

Está casada y tiene un hijo.

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-El Derecho sirve para dos cosas.

-A saber.

-Para perpetuar una situación y consagrarla o para transformar la sociedad.

-¿El legislador tiene esa perspectiva que llaman de género?

-No y se deja notar, por ejemplo en la legislación fiscal.

-¿Cómo?

-No es lo mismo cotizar por unidad familiar que separadamente. Se prima el matrimonio con hijos, y paga menos que las familias 'monomarentales', de madre con hijos.

-Será igual si el progenitor es el padre.

-¿Cuántos padres se encargan de los hijos? Con perspectiva de género se debe ver qué desigualdades existen en la realidad y no formular las normas en abstracto, que es lo que siempre ha ocurrido. No nos podemos desentender de los resultados.

-¿Cómo se puede evitar?

-Desde octubre de 2003 tenemos una ley de evaluación del impacto de género.

-¿Con qué objeto?

-Antes de acometer una reforma normativa o de política se debe hacer una evaluación de su impacto. Se trata de preguntarse qué sucedería si se aplicara esa nueva circunstancia, es decir, si aumentaría la desigualdad de las mujeres. Toda la carrera como jurista de María del Mar Esquembre se ha desarrollado en la Universidad de Alicante, donde dirige el Centro de Estudios de la Mujer: una atalaya desde la que observa el mundo académico. Esta semana ha visitado la Universidad del País Vasco invitada por el Departamento de Derecho Constitucional.

-¿Qué tarea desarrollan en el centro que usted dirige?

-Hacemos investigación sobre el género en todas las áreas de conocimiento. No se puede estudiar la materia sin hacer incursiones en otras ciencias.

-¿Por ejemplo?

-Se necesita saber de historia, filosofía, sociología...

-¿Cómo está la universidad?

-También lo hemos estudiado. Por ejemplo, nos preguntamos por qué hay un mayor número de catedráticos que de catedráticas y el número de profesores titulares es similar en los dos sexos.

-¿Por qué?

-Entre catedráticos hay una red de contactos más fortalecida y consolidada que entre los profesores titulares. Son trabas que inciden en la promoción y el ascenso.

-¿Esas trabas tienen que ver con que la mujer se ha incorporado más tarde?

-Es cierto, nos hemos incorporado más tarde a la universidad y, sobre todo, al mundo científico. Y ahí sí que ha sido con normas. Las normas sociales que rigen los géneros son mucho más coaccionadoras que cualquier norma jurídica.

-¿Sucede en todos los países?

-En otras universidades no se han vivido las mismas experiencias. Pienso en Francia, Alemania, Estados Unidos...

-¿Quién es responsable de esas trabas?

-No es un sujeto. No hablo de personas con nombre y apellidos que conscientemente impiden que la gente llegue a puestos de responsabilidad.

-¿Se resolverá en el futuro?

-Hay quien cree que es una cuestión de evolución, que las desigualdades se corregirán con el paso del tiempo. Pero con el simple paso del tiempo no se cura una enfermedad, ni se palia la pobreza. Hemos visto, además, que con el tiempo la brecha entre ricos y pobres es mayor. Son procesos muy difíciles de desvelar.

-¿Puede concretar esas trabas?

-Una es la maternidad, que no ha sido igual tratada que la paternidad. Tener hijos no afecta igual a mujeres y hombres. La norma social sigue imponiendo esa carga a las mujeres y para las investigadoras supone un retraso precisamente en el momento de mayor producción.

-¿Se salda contra la investigación o contra la natalidad?

-A veces contra la investigación, pero en la mayoría de los casos contra la maternidad. Yo tuve solamente un hijo. No quise tener más, tampoco me gustan demasiado los niños. Es una gran responsabilidad. Los catedráticos varones, en cambio, suelen tener más hijos.

Violencia

-Hay catedráticas madres de familia muy numerosa.

-No podemos extraer estadísticas generales de las circunstancias que nos rodean. Hay muchos ejemplos y a nadie le gusta identificarse con un colectivo que está en situación de minusvaloración o inferioridad con respecto de otro.

-Las nuevas generaciones no lo viven de la misma forma, ¿no?

-Pero en el sistema vivimos todas las generaciones.

-Si el problema es generacional, no estructural, se extinguirá.

-Las nuevas juventudes reproducen algunos de los más graves problemas de la sociedad.

-¿Por ejemplo?

-La violencia de los chicos hacia las chicas, y de las chicas entre sí, va en aumento. Nos horroriza la violencia escolar. Ha habido modelos que adjudican a cada sexo diferentes modos de comportarse, realidades distintas, pero hemos tendido a igualar por lo malo.

-¿Se valora la violencia?

-Sí, y no tanto otros valores como el pacifismo, la solidaridad... Y en lugar de aislar lo que es deseable para la convivencia, nos hemos equiparado con lo peor de cada cual.

-Es una idea muy pesimista.

-Pero verlo permite actuar y señalar otros valores. Hoy también los varones sufren trastornos como la anorexia y la bulimia, porque han asumido la belleza como un componente fundamental del reconocimiento social.

-¿Creíamos que la igualdad iba a traer un mundo perfecto y reproduce los males en los dos sexos?

-La igualdad mal entendida. Es un concepto que construyeron los hombres con la exclusión de las mujeres. Las bondades de la revolución francesa y del ideal emancipatorio no se trasladaron a la otra mitad de la población.

-¿Cuándo se comienza a reivindicar la igualdad de los dos sexos?

-En la misma revolución, pero los hombres se adjudicaron la razón y a nosotras nos reservaron el sentimiento. Históricamente fuimos excluidas hasta la mitad del siglo XX.

-¿Cala el discurso en los jóvenes?

-Es más fácil que cale el de que la ley no discrimina a nadie, que ya estamos al mismo nivel.

 
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