 Helen Mirren sostiene el Oscar a la mejor actriz. / REUTERS |
|
Imprimir Enviar |
|
| LA FAMILIA |
| Réplica inesperada: De su madre, Oliva, heredó la furia. De su padre, el gusto por la broma. Reginald Dench, educado en Dublín, era médico, muy aficionado al teatro y seguía a su hija. Una vez, cuando, como Julieta, preguntó en el Tercer Acto a la enfermera: «¿Dónde están mi padre y mi madre?», oyó la voz familiar, que replicaba: «Estamos aquí, querida, en la fila H». |
|
|
|

|
Por Helen Mirren siento admiración. Una mujer nacida como Ilyena Vasilievna Mironova, hija de un coronel del zar, educada en un convento, que acaba interpretando a Georgina tiene algo que contar. La ví por primera vez en 'El cocinero, el ladrón y su amante', el exhuberante arrebato de Peter Greenaway sobre el dinero y la cultura. Era el final de la era Thatcher. Cuando el gánster, Spica, encarnado por el gran Michael Gambon, sorprende al amante de su culta y maltratada mujer, Georgina, leyendo un libro, le increpa: «¿Con eso se hace dinero?».
Y está casada con Taylor Hackford, uno de los tipos más lúcidos y cordiales que he conocido cuando las productoras de cine llaman a los periodistas para cumplir un ritual humillante del oficio: sentarse con varios colegas de gracias variables, colar dos preguntas al entrevistable en unos minutos y escribir sobre tal diálogo de besugos cuando llegue el estreno.
Mi único reparo al Oscar de Mirren es pedante, el mismo dilema que planteaba el que dieron a Jamie Foxx por 'Ray', la película dirigida por su marido: ¿Su papel en 'La reina' es actuación o imitación? ¿Tienen el mismo mérito?
Pero, de nuevo, la Academia de Hollywood ha desestimado a Judi Dench, a quien tengo por una gran estrella, actriz extraordinaria. Esta vez fue nominada por su papel como Barbara Covett en 'Diario de un escándalo'. Es una película que no me entusiasma. Aunque disfruté leyendo el periodismo de Zoe Heller, no he leído su novela. No sé si están allí los pecados, pero no creo que Richard Eyre haya cometido en su traducción al cine los que en mi opinión tiene la película. Personajes que parecen aún por desarrollar, fragmentos de trama o escenas inverosímiles.
Lo mejor de la película es que está Dench. que da cuerpo y alma a la maestra Barbara, frágil y perversa. En alguna entrevista, ha dicho que Peter Hall le enseñó una cosa importante de su oficio: que no intente interpretar todo el personaje en una sola escena.
Su Barbara es esa construcción gradual. Una mujer mayor que parece vulnerable va denotando dureza mediante el minimalismo expresivo del rostro de Dench y, cuando llega por primera vez como invitada a la casa de su nueva amiga, Sheba (Cate Blanchett), corre por las escaleras hasta el timbre. Esa súbita aceleración desvela sin palabras energía y amenaza. Judi Dench es una genio.
Ha sido nominada cuatro veces para el Oscar a la mejor actriz. Por su melancólica reina Victoria en 'Su Majestad Mrs. Brown' o la atrevida empresaria teatral de 'Mrs. Henderson presenta'.
Lo recibió como mejor actriz de reparto por sus cinco minutos como Isabel I en 'Shakespeare enamorado'. La diplomacia de la Academia del Cine sigue el mismo principio -queda bien y no mires a quién- que guía al comité noruego del Nobel de la Paz, pero aquel Oscar no nos satisfizo a los fans de Dench, cuya Isabel I tenía como principal mérito que evocaba fugazmente la majestuosidad de Glenda Jackson, que, perdida para la escena en los escaños laboristas, creó una Isabel I memorable.
Hollywood ofreció luego el espectáculo bochornoso de 2001. Iniciar el siglo XXI premiando a actores negros y presentar eso como lo opuesto al racismo provocaba la perplejidad 'punk' tan bien condensada en la vieja letrilla de Glutamato Yeyé: «Todos los negritos/ uaaah, uaaah, uaaah/tienen hambre y frío/. uaaah, uaaah, uaaaah/Tiéndeles la mano,/te lo agradecerán».
El Oscar fue para Halle Berry. Nada personal contra ella. Si necesita en algún momento una amistad sincera, consejo, dinero, estoy a su entera disposición, día y noche. Pero aquel año habían nominado a Judi Dench por su interpretación en 'Iris', basada en la agonía de la escritora Iris Murdoch, aquejada de Alzheimer.
Vivir para algo
Dench logró una combinación sobrecogedora de vida y ausencia como arte mayor. Que compuso con sus útiles de siempre. Elegir una obra por la gente que participa. No leer el guión ni investigar mucho sobre el personaje. Escuchar lo que otros dicen. Fijar detalles por la intuición y la observación. No tomarse a sí misma en serio pero trabajar con absoluta seriedad. Buscar en su interior.
Judi Dench nació en York y se educó en un colegio cuáquero, la mejor de las religiones. El rito de su sociedad de los amigos es una hora de silencio y quietud, aspirar a un momento espiritual de percepción interior y del mundo. En el pozo de esa hondura encuentra Dench su arte esencial de actriz, el saber de mostrar y de ocultar, y la mayor virtud que reconoce: una capacidad de imaginar otras vidas. En una escena de 'Iris', Murdoch dice a una audiencia: «Necesitamos creer en algo divino, aunque no creamos en un Dios. Algo que podemos llamar amor o bondad».
Tras hacer el repertorio clásico y moderno del teatro, Judi Dench, viuda de 72 años, ofrece una galería incesante de papeles en el cine. Es un recital de amor a su arte y a sus espectadores, algo que habita más allá de premios y pompas.