La palabra 'lustración', del latín lustrare, significa dar lustre a algo, purificar, purgar. Polonia fue precisamente el primer país que adoptó leyes de lustración, en 1989, y en donde, junto con la República Checa, la lucha contra los antiguos colaboracionistas tuvo un carácter más expeditivo. Vaclav Havel tuvo al final que suavizar la normativa en su país porque llegó un momento en el que empezó a aplicarse de forma selectiva y arbitraria.
En la República Checa, más de 300.000 personas tuvieron que rendir cuentas por sus vínculos con el anterior régimen. En Polonia fueron 240.000 y 200.000 en Bulgaria. No obstante, ello no impidió que Gueorgui Parvanov, agente del KGB con el código 'Gotse' llegara a convertirse en el presidente de Bulgaria. Otro confidente de los servicios secretos soviéticos, Antanas Valionis, ocupó el cargo de primer ministro en Lituania.
Rusia y la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas no hicieron su Nuremberg contra los crímenes del comunismo. En Estonia, Letonia y Lituania la identificación de antiguos agentes se vio seriamente dificultada debido a que el KGB se llevó los archivos. Como mucho, a veces se podía averiguar el nombre de un confidente, pero no qué tipo de información facilitó o que actividades llevó a cabo.
Por eso, en las repúblicas bálticas los procesos se circunscribieron sólo a contados casos. La mayoría de los implicados huyeron a Rusia para evitar el castigo, en donde lo más que hizo Borís Yeltsin fue mantener prohibido el Partido Comunista durante una temporada. En los países del Asia Central ex soviética y en Azerbaiyán el poder se mantuvo en manos de los mismos dirigentes comunistas de antaño.