Nos acercamos a las elecciones municipales y forales y como consecuencia ya han surgido algunas publicidades preelectorales además de que se ha agudizado, si eso fuera aún posible, la habitual bronca entre los grupos políticos locales. Pero no quiero hablar de los problemas ciudadanos o provinciales, sino de un par de cosas que he visto en la propaganda y me han preocupado profundamente porque me han hecho preguntarme, gracias al absurdo de algunas pretensiones, sobre la capacidad mental de quienes rigen y van a regir nuestros destinos.
Explícitamente en el caso del PNV -'Necesitamos ideas'- y con algo más de sutileza por parte del PSE aunque con el mismo sentido, los profesionales de la cosa de la gestión y el diseño de la comunidad y de sus servicios nos piden a la gente del común que les digamos qué deben hacer. A eso lo llaman, pomposamente, participación ciudadana, o algo así. Creía yo, en mi ingenuidad, que su función como partidos políticos era pensar y aglutinar una serie de iniciativas bajo el paraguas de una ideología concreta para, más tarde, someterlas a la opinión del electorado. Si ganan, aplicarán ese programa; en caso contrario están obligados a mejorarlo para intentar ganar las próximas elecciones. Pero no: nos piden las ideas y las iniciativas a nosotros. De esta manera, sería posible que todos los grupos se presentaran con un mismo programa, sin necesidad de pensarlo, porque todos habrían recibido la misma información de la ciudadanía.
De todos modos, la perla de propaganda preelectoral que he visto ha sido un cartelillo del PNV: 'Para que vuelvas a creer'. Nos han fastidiado. La política, por favor, no debe ser un sistema de creencias, sino de racionalidad. Yo no quiero creer en Mikel Martínez ni en ninguno de sus mayores dentro de su partido. Quiero que me convenzan o, al menos, que lo intenten. No quiero comulgar con ellos -ni con ningún otro, para qué nos vamos a engañar- sino que pretendo que sus razones me parezcan las mejores.
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