Juan Valle miraba fijamente al escenario mientras degustaba una manzanilla y una aceituna 'machacá'. Pero su mente se encontraba a miles de kilómetros del centro andaluz Séneca de Vitoria, donde la comunidad andaluza de la capital alavesa celebró ayer el Día de Andalucía.
La localidad jienense de Linares requería toda su atención. «Tengo una casa allí y siempre que puedo me escapo», aseguraba. Nada más acabar la 'mili', este malagueño se trasladó a Vitoria para trabajar. «Mis hermanos vivían aquí, por lo que el cambio no se me hizo tan duro. Además, conocí a mi mujer y todo fue más fácil», relató.
Juan Valle no erá el único al que las rumbas y los 'olés' le llenaban de añoranza. El salón social de las instalaciones ubicadas en el barrio de Lakua-Arriaga estaba repleto de gente que cantaba y aplaudía al son de las guitarras.
El Día de Andalucía había comenzado con un desayuno a base de café, pan tostado con aceite de oliva virgen y la correspondiente misa en honor a la Virgen del Rocío. Como manda la tradición, el Coro Séneca cantó la Salve Rociera y el himno andaluz ante un público cada vez más numeroso. «En realidad, el Día de Andalucía fue el 28 de febrero, fecha en que hace 29 años se aprobó el Estatuto andaluz, pero al ser un miércoles decidimos celebrarlo también hoy», explicó el vicepresidente del centro cultural, José Merino.
Desde la distancia
La fiesta también buscaba que la comunidad andaluza «no olvide sus raíces. Con esta serie de actos y desde la distancia y la nostalgia queremos acercarnos más a Andalucía. Porque muchos de los que estamos aquí no hemos tenido la oportunidad de celebrarlo en nuestra tierra», señalaba Merino.
Por fin, muy cerca de la hora de comer, llegó la actuación más esperada. Las chicas que una vez formaron la agrupación 'Raíces del sur' subieron al escenario, como antaño, con sus vistosos mantones de manila, sus vestidos negros y la correspondiente flor prendida en el pelo para demostrar al público que aún no habían perdido el ritmo del taconeo y las palmas. Y, durante media hora, bailaron rumbas, sevillanas y tanguillos.
Sentada entre los espectadores, Loli Vilches no perdía detalle y miraba con atención los pasos que daban las jóvenes sobre el 'tablao'. «Llevo seis años yendo a clases de sevillanas y mis hijos también han bailado toda su vida», explicaba. Muy conocedora del arte flamenco, reconocía que lo único que se necesita para bailar es «un poco de salero y mucha gracia».
Y, precisamente, con mucho arte y buen humor, la fiesta se trasladó al comedor, donde tuvo lugar una comida popular, a la que siguió la actuación musical del dúo Mina y Fernando. Todo por Andalucía.