Lunes, 5 de marzo de 2007
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DEPORTES

CLARENCE SEEDORF, CENTROCAMPISTA DEL MILAN
«Hay que copiar al rugby; ser agresivos en el campo y luego abrazarnos todos»
El holandés dice que los futbolistas de élite están obligados a transmitir buenos valores dentro y fuera del campo, sobre todo a los niños
«Hay que copiar al rugby; ser agresivos en el campo y luego abrazarnos todos»
EXPERIENCIA. Seedorf posa para EL CORREO en chándal y con un balón. / FOTOS: ANTONELLO NUSCA
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LOS DATOS
Nombre: Clarence Clyde Seedorf.

Nacimiento: 1-4-1976.

Lugar: Paramaribo, Surinam.

Debut: 1994, Ajax de Amsterdam.

Posición: Centrocampista.

Clubes:: Ajax de Amsterdam (1994-1995), Sampdoria (1995-1996), Real Madrid (1996-1999), Inter de Milán (1999-2002), AC Milan (2002 y sigue en este club)

Palmarés: Una Liga de Holanda (1994-95), una Supercopa de los Países Bajos (1995) y una Liga de Campeones (1994-95), con el Ajax. Con el Real Madrid cosechó una Liga española (1996-97), otra Liga de Campeones (1997-98) y una Copa Intercontinental (1998). Con el Milan ostenta una Copa de Italia (2002-03), una Liga italiana (2003-04), una Liga de campeones (2002-03), una Supercopa de Europa (2003) y una Supercopa de Italia (2004).

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Clarence Seedorf lleva muchos años en esto del fútbol. Lleva en Milán ocho años, cuatro de ellos en el Inter, y acaba de renovar con el Milan hasta 2011. También ha vuelto a la selección holandesa. Pero fuera del fútbol es muy activo: tiene un equipo de motos de 125cc, una línea de joyería y una ONG. Además está siempre muy preocupado por los aspectos extradeportivos y ahora proyecta una sociedad de apoyo a jugadores. En fin, que es un buen personaje para hablar del fútbol y de la vida.

Con tanta fama y compromiso su ritmo diario en algunos periodos es demencial y la propia cita para esta entrevista, en el bar de un hotel de Milán, lo es. Da una idea de cómo es el estrellato. Su chófer llama varias veces para sincronizar los tiempos y fijar los detalles con exactitud. Diez minutos antes de llegar llama por teléfono incluso al restaurante para pedir un plato de pasta y que esté listo para cuando Seedorf entre por la puerta. Come en cinco minutos y hay que salir pitando hacia Milanello, las instalaciones deportivas del Milan. Están a 50 kilómetros de la ciudad, pero en la puerta hay medio centenar de 'tifosi' (y es un jueves cualquiera) esperando ver a algún jugador.

La afición italiana también es distinta. Dentro de Milanello, un pequeño club de campo, la atmósfera es curiosa. Hay un viejo piano en el salón, un billar, fotos en blanco y negro. De repente aparece Ronaldo. Le esperan dos tipos de Nike, que le dan una tarjeta y le preguntan si le hace falta algo. Ronaldo dice que todo va bien, pero que aún está buscando casa.

La entrevista con Seedorf es durante el breve trayecto a Milanello, porque allí le espera al pie del coche otro periodista británico que ha tenido menos suerte: sólo dispone de diez minutos, a la puerta del vestuario, desde que se cambie hasta que empiece el entrenamiento. No se pueden hacer fotos, porque los patrocinadores sólo las permiten con el chándal y la publicidad. En resumen, las estrellas viven inmersas en una tupida red de actos y obligaciones. La mañana anterior corrió de un lado para otro, de una cita de publicidad a una visita a un 'tifosi' del Milan, muy enfermo, cuya mayor ilusión era ver a uno de sus ídolos. Pero en medio de este estrés y esta vida un tanto irreal, en el silencio confortable de esos 30 minutos de coche, se esconde un Seedorf más humano. «¿Vienes de Bilbao? Estuve por allí curándome de una lesión, con Carlos Uriarte, hace muchos años», dice para empezar la conversación.

-¿Cuáles son sus recuerdos de España?

-Yo amo España, especialmente Madrid. Estuve casi cuatro años, hay gente que siempre me ha querido, también fuera del campo, tengo muchos amigos y buenos recuerdos.

-¿Qué recuerdo tiene de aquel otro Madrid de Capello?

-Aquel año fue muy bueno, porque ganamos, claro. Fue especial porque tuvimos 11 jugadores nuevos, de los cuales ocho eran titulares: Suker, Mijatovic, Roberto Carlos, Panucci, Ilgner,... y funcionó. Era un equipo que trabajaba duro, concentrado, pero con libertad fuera del campo. Recuerdo a Capello como un motivador muy bueno, fue la fuerza de aquel año, todos teníamos muchísimas ganas de ganar.

-Recuerdo un gol contra el Racing, desde el medio campo.

-Sí, un 1-2 al final, medio campo, pase a Mijatovic, me la devuelve dentro, control y gol. Tengo una buena memoria para eso.

-¿Se sigue divirtiendo con el fútbol? Si ve un balón en el jardín de casa, ¿le pega unas patadas o ni se acerca porque está harto?

-Sí, sí, hombre, a veces estás cansado, pero la pasión está ahí.

-Le hago la pregunta del millón, a ver si usted la sabe: ¿por qué España como selección no hace nada?

-Es difícil. Yo creo que en el Mundial tuvieron mala suerte, porque estaba jugando muy muy bien. España y Argentina fueron los que más me gustaron. No sé qué falta. Quizá la diferencia con los clubes españoles es su mentalidad como grupo, por su combinación de culturas, mientras que en la selección sólo hay españoles. No sé. Creo que Camacho estaba cerca de conseguir esa mentalidad, transmitía esa parte suya un poco italiana. Pero también le pasa a Holanda, juega muy bien y no gana.

Los ídolos

-El fútbol ha cambiado mucho desde que empezó. ¿Qué diferencia ve entre el deporte que conoció al principio y el de ahora?

-El fútbol ha crecido porque tiene más visibilidad y más intereses. Hoy en día creo que estamos perdiendo calidad en los partidos, porque la cantidad ha aumentado. Jugando más no se juega mejor. Los Mundiales ya no son tan bonitos, la Eurocopa no es tan interesante. Equipos pequeños llegan muy lejos porque los grandes llevan muchos partidos encima.

-¿Pero no se ha deshumanizado más el futbolista? Ahora a menudo es una imagen, un icono publicitario, un personaje de videojuego.

-El fútbol es el entretenimiento más grande del mundo, y era una cuestión de tiempo que estas cosas se exploraran. Ahora bien, los jugadores tienen más responsabilidades, porque eres cada vez más un ídolo, un ejemplo para la comunidad, para los niños.

-Usted, por ejemplo, ha emprendido iniciativas benéficas. En cambio hay muchos futbolistas que se sabe que son millonarios y sólo se ven sus cochazos.

-Yo no quiero defender a nadie, pero hay muchísimos jugadores que hacen cosas y no se sabe, como Cafú, Gattuso... Si luego tienen un buen coche no le veo ningún problema. Cada uno ayuda a su modo. Yo no me doy publicidad, sólo hablo de ello si me preguntan. Creé mi fundación, 'Champions for Children', para educar a través del deporte, porque cuando era pequeño veía las imágenes de Etiopía en la televisión y me impresionaban profundamente.

-¿Cuáles eran sus ídolos de niño?

-Cuando tenía 10 años, Rijkaard era el futbolista que más seguía, dentro y fuera del campo. Pero luego Nelson Mandela, Oprah Winfrey, Kofi Annan, esas son las personas que me estimulan, porque soy un poco idealista y ellos han conseguido un mundo mejor, y eso es lo que yo aspiro a hacer en mi pequeña escala, creando deportistas con valores en el campo.

-¿Sigue ahora a Rijkaard?

-No, no mucho, estoy lejos, pero en los últimos años el Barcelona ha hecho el mejor fútbol en Europa, con el Milan.

-¿Y el Inter? Cuando estaba allí eran un equipazo y no consiguieron nada, ahora en cambio se sale. ¿Por qué es un club tan raro?

-Sí, éste es un año extraño. Yo creo que van a ganar el campeonato tranquilamente, pero el año que viene ya veremos, será un test de verdad. El Inter siempre ha tenido poca estructura para el potencial que acumulaba, pero bueno, ahora parece que les va bien.

-¿Me puede contar algo de su experiencia con el Milan Lab, este sistema científico de seguimiento de los jugadores? ¿Les ayuda?

-Todo ayuda. Quien vive para este deporte busca siempre todo lo que pueda hacerte estar mejor como persona y como atleta. El Milan Lab es una filosofía que viene de aplicar la ciencia a lo que estamos haciendo, para no hablar más de opiniones, sino de datos. Controlar la marcha física, bioquímica y mental de un jugador, ésta es la novedad, y trabajar ahí para poder prevenir problemas.

-Usted ha sido un viajero, cambiando de país, de lengua, de trabajo, de jefe, de compañeros... ¿Cómo lo ha vivido?

-Es muy bonito, pero los jugadores tienen poca ayuda para adaptarse a nuevos sitios. Hay siempre gente que hace contratos, el agente, pero esto hoy para mí ya no basta. Hace años no hacía falta una estructura de 'management' que te ayudara en todo lo que puedas necesitar, desde planificar tu carrera a buscar una casa. Necesitas una persona, una estructura de referencia y de confianza. Esta es la idea que he propuesto a un grupo de personas, de alto perfil, que están preparando un proyecto para jóvenes talentos pensando en esta filosofía: estar ahí para la persona, que la persona vaya antes de todo.

-Los jugadores llegan cada vez más jóvenes y se ven con un dinero y una responsabilidad que les puede superar, y rodeados de tiburones. A usted también le habrá pasado.

-Sí, sí, hablo de mi propia experiencia, porque yo nunca tuve algo así y hoy lo tengo, con personas que trabajan conmigo, y estoy muy contento. He tenido suerte, he tenido siempre bastante buen ojo, pero es un caso raro, he visto muchos casos de gente que luego termina mal.

-Después de los incidentes de Catania, ¿cómo ha sido jugar con el estadio casi vacío?

-Italia está pasando un momento muy delicado. Pero no es un tema ligado directamente al fútbol, el fútbol es una parte de la vida de los italianos, pero lo que pasó en Catania es un problema más amplio, social, que puede salir a la luz con el fútbol y tiene más visibilidad.

El racismo

-Usted también ha sufrido cierta violencia, robaron hace poco en su casa. ¿Cómo ve Italia?

-Yo amo Italia, me ha dado mucho. Llegué aquí con 19 años, y cuando volví después de cuatro años en Madrid vi un cambio bastante drástico en la inmigración. Ha aumentado mucho y esto ha causado una reacción en la gente que puede parecer racista, pero para mí no, yo creo que no hay racismo en Italia. Y lo sé porque he vivido el racismo, de pequeño, y cuando no era conocido. Me puedes decir que como soy famoso me tratan bien, pero cuando vienen familiares, que nadie sabe quiénes son, me dicen cómo les tratan y me hablan bien. Los que robaron en mi casa fueron albaneses, pero yo conozco algunos albaneses personalmente y son gente exquisita, así que de un día para otro no puedo pensar que todos son iguales.

-¿Qué diferencias ha visto en esto en los distintos países durante su carrera?

-Cuando estaba en la Sampdoria y el Real Madrid me informé con amigos y algunos me dijeron que no fuera, porque en España eran un poco racistas. Luego fui y tengo que decir que ha sido la época más bella de mi carrera. Cuando vuelvo me siento en casa. La gente no es estúpida, puedes ser famoso pero si eres un cretino te tratan como tal. Cada vez que vuelvo tengo una respuesta muy cálida, también con el Milan. Los comentarios, las imágenes de los Juegos Olímpicos subrayan siempre lo positivo del deporte, y en cambio con el fútbol, sobre todo en Italia, se empuja a la polémica, a la discusión... Los responsables somos todos. Algunos programas de televisión habría que cerrarlos, la gente no puede poner la tele y ver a personas adultas discutir sobre si es penalti o no, el mundo ya es suficientemente violento. Cuando tenemos un deporte, que practican todos los niños del mundo, ¿por qué no utilizarlo para algo más?

-¿Cómo pueden los jugadores ayudar a cambiar las cosas?

-Tenemos una gran responsabilidad. No pretendo decir qué se debe hacer, pero podemos transmitir valores: lealtad, corrección, disciplina... Una cosa que se puede hacer es lo que se hace en el rugby: después de masacrarse a golpes en el campo, al final del partido se abrazan, saludan al público en el campo y se van al vestuario. Esto se puede aplicar desde ya en el fútbol, éste sí es un mensaje muy fuerte, de saber asumir también el partido perdido. Hay que lanzar estos mensajes al público.

 
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