Lunes, 5 de marzo de 2007
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DEPORTES

ATHLETIC
De la ilusión al desconcierto
La afición llegó a San Mamés preparada para ver una nueva victoria del Athletic, pero se marchó enfadada, como demostró con los pañuelos y silbidos que dedicaron a los pupilos de Mané
De la ilusión al desconcierto
ENFADADOS. Las gradas de San Mamés muestran su descontento con el juego plasmado por el Athletic en el duelo frente al Nástic.
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La afición del Athletic pasó de la esperanza, del optimismo, de dar a su equipo como seguro vencedor del encuentro de ayer - «¿Cómo no vamos a ganar si jugamos contra el colista!», decían algunos-, al desconcierto, a los pañuelos, a los silbidos. Es decir, a una profunda y desosegante mezcla de enfado, decepción y hartazgo en un intervalo de poco más de dos horas. San Mamés explotó al terminar el partido. Fue el punto final a una tarde en la que tan pronto se dedicaba una ovación a los futbolistas como se les recriminaba una acción, un fallo o una supuesta falta de entrega en un determinado instante.

Pero todo comenzó de una forma más que ilusionante. El ambiente era agradable, el sol lucía en Bilbao y la gente, como en el partido contra el Getafe de hace quince días, estaba dispuesta a darlo todo para llevar a su equipo a una victoria fundamental. La acogida fue calurosa. En esta ocasión, un mosaico recibió a la escuadra local cuando saltó al campo. Rojiblanco con la parte posterior de las cartulinas mostrando a Llorente, Urzaiz y Expósito en plena celebración de un gol. Buenos presagios que se diluyeron a medida que pasó el tiempo.

«¿Athletic, Athletic!». Así arrancó el partido. Desde el minuto cero, las gargantas se entregaron a la empresa de adquirir tres puntos que diesen aire al plantel de José Manuel Esnal. Y el equipo agradecía ese apoyo con un juego más que aceptable. La fórmula sólo duró media hora. 'La Catedral', que soportaban un incómodo viento que dificultaba el juego, se impacientó. Veía a su equipo incapaz de matar a un equipo que se plantó en Bilbao como farolillo rojo. Pitos. Los primeros para Fran Yeste. De repente, una ráfaga de sonoros aplausos; también para el de Basauri. La gente estaba sumida en el desconcierto. No sabía qué hacer: si protestar por lo que estaba viendo o animar con la meta de borrar esa mala imagen.

En principio, optaron por la segunda opción. Lo demostraron tras el descanso. Las gradas se volcaron, como los rojiblancos, en busca del empate. Pero no llegó. De nuevo los silbidos de una parte de la hinchada. Y, de pronto, el tanto de Pinilla. La puntilla. Varios aficionados abandonaron sus asientos. Era el preludio de lo que ocurriría a falta de diez minutos. San Mamés se quedaba vacío aunque había una gran parte de simpatizantes que mantenían su apoyo -«Es de Primera, el Athletic es de Primera»-, acompañado con las recriminaciones al árbitro y al rival por sus pérdidas de tiempo. Pero todo fue en vano.

El colegiado señaló el final y el descontento se apoderó de San Mamés. Pitada al equipo, sobre todo cuando se dirigió al centro del campo a saludar. Pañuelos blancos por una derrota que complica el futuro del Athletic. Sólo se libró Amorebieta, despedido con una gran ovación. Como aplaudida fue la afición del Nástic, que se marchó de Bilbao con tres puntos y con un ejemplo de deportividad: «¿Athletic, Athletic!», dijo adiós. Y una tímida lluvia despidió al autobus del equipo.

DAVID CUÉLLAR

Abrazos con sus ex compañeros

El navarro volvió a pisar San Mamés, cumplió ese sueño de regresar al campo en el que debutó en Primera. Y en Bilbao, ha dejado a muchos amigos, como Javi González, con el que se abrazó antes de que comenzase el encuentro. También Yeste se acercó a saludarle en un momento del choque. A David Cuéllar, como al Nástic, le costó arrancar, pero por su banda derecha llegaron las dos jugadas de peligro de los catalanes antes del gol de Portillo. En la segunda mitad, con su grupo atrás, el interior derecho perdió protagonismo.

AFICIONADOS DEL NÁSTIC

De visita en Begoña

A pesar de que muchos dan por muerto al Nástic, sus aficionados mantienen una llama de esperanza en conseguir una milagrosa permanencia. Y ayer lo demostraron en Bilbao. No sólo por los cerca de 400 hinchas que se desplazaron a la Villa. También por su visita a la Basílica de Begoña. Quién sabe si además de pedir por la salvación reclamaron a la patrona de Vizcaya un triunfo en San Mamés. Animosos, se dejaron ver por otros rincones de la ciudad como el Casco Viejo y Pozas.

 
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