Había sido duda hasta última hora. Los molestos dolores en el pubis, dolencia conocida, volvieron a atormentar a Fran Yeste durante la semana. Ocurrió el miércoles durante el entrenamiento. Con el paso del tiempo, sin embargo, las molestias se minimizaron y el vizcaíno optó por saltar al campo en un encuentro de tanta trascendencia como el de ayer. «Yeste no se esconde», comentaron a EL CORREO varios ex compañeros. Pero el dolor se mantenía. Y, por eso, el basauritarra jugó con «dos infiltraciones», tal y como señaló José Manuel Esnal tras el partido cuando fue cuestionado por la sustitución del '10' en el descanso.
El atacante no tuvo una gran actuación. Estuvo al nivel del resto. Pero sus certeros saques de falta llevaron bastante peligro. De hecho, la primera ocasión del Athletic nació de un córner botado por Yeste. Sarriegi no acertó.
De pronto, San Mamés pagó con él su impaciencia porque no llegaba el tanto rojiblanco. Había transcurrido la primera media hora y trató de ofrecer una asistencia a un compañero. Le dio excesiva fuerza a un esférico que se perdió por la línea de fondo. Un sector de la grada se lo recriminó con gritos. Otra parte reaccionó con aplausos.
Como cuando en un arranque de casta, de raza, el futbolista vizcaíno trató de sorprender a la defensa tarraconense con una agobiante presión. Se dejó todo y el público se lo agradeció con una ovación. Fue su última acción. Y Mané le dejó en la caseta, además de las infiltraciones porque «en defensa estaba dejando lagunas. Y he preferido meter un hombre más en el medio campo», explicó el técnico.