La vigesimosexta jornada liguera del Grupo VIII de Tercera División no sólo afianzó al Mirandés en la cabeza de la clasificación, fruto de su holgada victoria por 3-0 goles frente al Universidad de Valladolid, sino que le sirvió para abrir una brecha de siete puntos sobre su nuevo inmediato perseguidor, la Gimnástica Segoviana, y allanar el camino para concluir el campeonato como líder.
El domingo fue redondo para el conjunto de Miguel Sola. El esperado triunfo ante los vallisoletanos vino secundado por los traspiés de todas las escuadras que luchan por disputar el 'play off' de ascenso a Segunda B.
La Arandina, que ha descendido a la tercera posición, cayó por la mínima contra el Norma, en El Montecillo. La Gimnástica no pasó del empate a cero en su feudo ante el Huracán Z. El Bembibre perdió también por 0-1 frente al Becerril. El Numancia B fue derrotado por 2-0 en su visita a la Ponferradina B. Y el Ávila, que jugó el sábado, igualó a dos tantos con el Salamanca B en su desplazamiento a la ciudad charra.
Golpe de autoridad
Un golpe de autoridad para los rojillos, que estuvo acompañado por otra serie de aspectos positivos durante la tarde de ayer, en Anudva. Se reencontraron con el gol, después de que no marcaran en su visita a Aranda de Duero; mantuvieron la portería a cero, por quinta jornada consecutiva; y se congratularon por el regreso de Rodri al once titular, tras permanecer dos meses alejado de los terrenos de juego por reiterados problemas musculares.
El Mirandés goleó al conjunto de Carlos Saso sin despeinarse. El técnico rojillo no se fiaba del victimismo que mostró el preparador rival en las horas antes del encuentro y demandó a sus pupilos concentración e intensidad desde el arranque. Recibía tanto al antepenúltimo como al equipo más goleado del grupo y la diferencia entre los contendientes fue patente desde que el balón empezó a rodar.
Antes de que se cumpliera el minuto 10, los locales dispusieron de tres claras ocasiones para adelantarse en el marcador. Alberto cabeceó a las nubes un buen centro de Pablo; éste lanzó contra el portero en su salida desesperada y Joseba remató muy desviado un balón franco de Jordi.
Partido encarrilado
Los rojillos tenían a su merced a los vallisoletanos, que se limitaron a aguantar el chaparrón con orden y la defensa adelantada. Su única apuesta ofensiva pasaba por buscar a los dos puntas con pases en largo. La zaga mirandesista apenas tuvo trabajo.
Iván Agustín inauguró el tanteador con un zapatazo desde fuera del área. El cuero se coló junto al poste izquierdo e hizo inútil la estirada de Javi. El partido estaba encarrilado y restaba sólo conocer cuántos goles serían capaces de marcar los mirandesistas ante un adversario bisoño, blando y que dejaba jugar.
Alberto lanzó alto de nuevo; Mayordomo culminó una jugada personal con un zurdazo, que desbarató el portero; y tanto Joseba como Pablo no acertaron a remachar un centro de Jordi, que olía a gol.
En la reanudación, la tónica fue la misma. El Mirandés continuó llegando sin problemas ante las facilidades del Universidad y las ocasiones se sucedieron. Joseba, después de cabecear al palo derecho, firmó el segundo. Remachó una asistencia de Alberto dentro del área pequeña.
Los vallisoletanos lanzaron sólo una vez a portería durante todo el encuentro; pero Iban Triviño abortó el duro lanzamiento de Fer. Encerrados en su área, los visitantes encajaron el tercero, obra de Adriano en una gran acción individual. Y se libraron del cuarto porque Txejo estrelló un zambombazo en el larguero. 0 3