Lunes, 5 de marzo de 2007
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LA RIOJA

DEPORTES LA RIOJA
El Alfaro camina hacia la salvación
Los riojanos superaron con justicia a un Marino de Luanco inoperante en ataque y se acercan a su objetivo Hasta el gol de Bobadilla, el partido fue trabado y feo
El Alfaro camina hacia la salvación
GOL PARA LA ESPERANZA. Bobadilla celebra el tanto que supuso a la postre un triunfo vital para su equipo. / RAFAEL LAFUENTE
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ALFARO 1 - MARINO 0
Alfaro: Les; Adrián, Jonathan, Joseba Noain, Javi Jiménez; Yanguas I, Gorka Alonso, Palacios (Txiki, m. 71), Bobadilla (Asurmendi, m. 74); Gurría (Yanguas II, m. 83); y Sola.

Marino: Guillermo; Merino, Pantiga, Samuel Barrio, Invernón; Pablo Díaz (Borja Prieto, m. 77), Pascual (Cotrofe, m. 62), Miki, Álvaro (Rubén Fernández, m. 62); Suárez y Blázquez.

Gol: 1-0, m. 55: Bobadilla.

Árbitro: Crespo García. Amonestó a los locales Adrián, Gorka García y Javi Jiménez, y al visitante Pablo Díaz.

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El Alfaro sigue creyendo en sí mismo. Se dice que con fe se tiene el cielo ganado; habrá que ver si esas profecías incluyen también la salvación. Los riojanos caminan por la senda adecuada, la que propone Patxi Bronte, y no se les puede discutir su espíritu y su capacidad de recuperación. El triunfo ante el Marino les sitúa a dos puntos de la promoción (Oviedo) y a tres del objetivo: la permanencia directa. Ese lugar lo ocupa esta semana la Cultural Leonesa, que precisamente recibe la próxima jornada a los riojabajeños.

A pesar del optimismo que invadió La Molineta tras el pitido final del árbitro (innecesarios sufrimientos de última hora incluidos), el inicio de encuentro presagiaba lo contrario. De hecho, la película no cobró interés hasta el gol de Bobadilla, ya en la segunda parte. El primer acto fue horroroso. Por parte de los dos. Balones largos, muy largos, e imprecisiones constantemente desesperantes; fútbol directo del malo.

Es cierto que el terreno de juego y el viento que sopló sobre el recinto deportivo eran compañeros desleales para los futbolistas pero, por lo visto después, no impedimentos insalvables. A esas circunstancias achacó la derrota Quirós (y no a la espesura ofensiva de los suyos). En este contexto, las poquísimas aproximaciones a las áreas nacieron en patadas a seguir y a balón parado. Dos lanzamientos exteriores de Gurría, por parte local, y una falta lateral que Pascual estrelló en el poste, por parte visitante.

El espectáculo no prometía cambios tras el parón, pero el azar que el fútbol arrastra consigo los produjo. Un centro templado de Yanguas I desde la banda derecha lo empalmó a la perfección Bobadilla, hasta entonces errante (en sus dos acepciones). El tanto del zurdo, que marcó con la derecha, cambió el aspecto del Alfaro, como si hubiese pasado repentinamente por una clínica de cirujía estética.

El guapo, el feo y el malo

Con los de Bronte mucho más atractivos, la fealdad del Marino se hizo más patente. Es cuestión de contrastes. Los asturianos buscaron la pelota, pero nunca supieron qué hacer con ella. Atascados en la medular, empezaron a sufrir peligrosos contragolpes de los riojanos, que acumularon ocasiones y merecimientos para asegurar el botín sin sufrimiento. Pero sin él, el Alfaro no sería el Alfaro.

Ni Sola, ni Bobadilla, ni Gorka Alonso, ni Txiki culminaron los mejores minutos locales, con lo que el tiempo extra se vivió con la habitual tensión. A ella contribuyó Crespo García, el árbitro, el malo en casi todas las películas, que no vio un claro penalti cometido sobre Sola. Sin polémica, el Alfaro tampoco sería el Alfaro.

 
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