El Logroñés se atasca en un campo de fútbol-playa Ramón Ante un rival ordenado y muy justo de ambición, a los blanquirrojos les faltó la chispa de otras ocasiones para romper la monotonía del partido  ARENAS MOVEDIZAS. Éste es el aspecto que presentaba una de las bandas del campo. Mantenerse en pie por allí era todo un éxito. | | Imprimir Enviar | | | LAS CLAVES LA FICHA | El doble fallo de Ailton
Minuto 35: la mejor ocasión del partido. En un mano a mano con todas las ventajas, primero le pegó de refilón y luego mandó a las nubes el rechace del portero.
Un problema de estabilidad
El estado del césped planteó muchos problemas a la hora de controlar el balón, especialmente cuando se cargó el juego por la banda de Barba y Candelas.
La parada final de Ramón
El resultado pudo ser aún peor de no mediar la intervención de Ramón al disparo de Vélez en el minuto 91. El portero salvó un punto. 0-0 El protagonista
Hasta el minuto 91 había sido un espectador más; apenas si había tenido que intervenir para blocar un par de envíos largos desde la banda, despejar con los puños un centro-chut a saque de falta y seguir con la mirada los esperpénticos 'disparos' de los visitantes desde fuera del área. Pero, ya en el descuento, realizó la parada del partido, en un zurdazo envenenado de Vélez tras un slalom paralelo a la frontal, que Ramón desvió a córner. Alineaciones
Logroñés: Ramón; Barón, Galiano, Eneko, Gabi; Pita, Jaume; Marín (Candelas, minuto 55), Barba (Regino, m. 88), Omar; y Ailton (Ubis, m. 62)
Barakaldo: Arrillaga; Urbano, Jorge Rodríguez, Moya, Lombraña; Solaún; Ibai, Urrutia, Mikel Álvaro (Mauri, m. 51); Beltrán (Ian, m. 82) y Butrón (Vélez, m. 72).
Árbitro
Óscar Herrero, afiliado al colegio aragonés. Amonestó con tarjetas amarillas a los locales Barba (minuto 40), Barón (60), Pita (63) y Eneko (93); y a los visitantes Solaún (9), Mikel Álvaro (38) e Ibai (85).
Incidencias
Unos 2.200 aficionados -segúndatos oficiales del club- presenciaron el partido en Las Gaunas. Entre ellos, un centenar de seguidores visitantes.
Terreno de juego en lamentables condiciones, pese al parcheo a que había sido sometido durante la semana. | |
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La grada de Las Gaunas despidió al Logroñés con una ovación desproporcionada para un partido triste, plagado de imprecisiones y carente de esa chispa que habitualmente enciende el juego del equipo y, de paso, a los aficionados. Aplausos quizás excesivos para 'un 0-0 de libro', en el que los locales habían sido maniatados por uno de esos rivales a los que los entrenadores y expertos llaman 'sólidos en defensa' y a los que el público desterraría del ámbito futbolístico. Sobre todo, porque porque su teoría del 'punto a punto' les suele dar un rendimiento inversamente proporcional al espectáculo que ofrecen.
La ovación final de los aficionados debía llevar, al 50 por ciento, una mezcla de resignación y reconocimiento: de lo primero, porque visto el panorama poco más pudo hacer el Logroñés; de lo segundo, para premiar el esfuerzo de sus jugadores -y de los rivales- por mantenerse en pie en las arenas movedizas que presidían gran parte del campo. Un rectángulo de juego que ofrecía unas condiciones excelentes para la práctica del fútbol-playa.
Pero el Logroñés de ayer también tuvo su cuota de culpa en el resultado final del partido: en el del marcador y en el del terreno intangible de las sensaciones. No fue el equipo vibrante de otras veces, el que juega a impulsos, el que se crece ante la dificultad y transmite a la grada la impresión de partirse la cara por sus incondicionales.
De ese Logroñés eléctrico apenas hubo una muestra durante un cuarto de hora del segundo tiempo. Ocupó los cinco minutos anteriores a la lesión de Marín, cuando el capitán decidió mandar a su equipo hacia adelante a toque de corneta; y los diez posteriores, ya con Candelas en el campo, cuando entre Barba y el 'pequeño' de los García León pusieron a Lombraña al borde del colapso con sus continuas conexiones en el arenal de la banda derecha.
Pero todo quedó en puro fuego de artificio. Porque cuando esa superioridad zonal se tradujo en algún centro decente, se toparon con un Ailton ausente o un Ubis ya en inferioridad de condiciones ante una defensa que fue creciendo en efectivos minuto a minuto.
La ocasión de Ailton
Al Logroñés le costó 35 minutos de reloj llegar a la portería rival. Hasta entonces el Barakaldo sólo había pasado por dos situaciones difíciles: cuando su portero Arrillaga, al filo de lamedia hora, convirtió dos inofensivos pelotazos locales en 'jugadas de peligro' con sus manos de mantequilla. Al menos tuvo serenidad a la hora de afrontar el mano a mano con Ailton, la jugada del partido. El portugués, con todo a su favor, falló la ocasión más clara que haya tenido en Las Gaunas. No sólo desaprovechó un balón ganador ante un portero vendido, sino que reincidió mandando a la 'circunvalación' un rechace más favorable aún.
Esta acción fue lo único potable del Logroñés en ataque. Y, a excepción del tiro de Vélez ya en el descuento, lo único reseñable del partido. El gran mérito de los porteros fue mantener sus sentidos alerta durante 95 minutos para utilizarlos a pleno rendimiento no más allá de cuatro segundos.
Porque tampoco el Barakaldo tuvo ambición suficiente para probar la solidez de su rival. Beltrán y Butrón empezaron el partido bullidores, pero se fueron diluyendo como rel resto. Si en el fútbol se generalizaran las estadísticas del baloncesto, las de ayer tendrían un aspecto desolador: Logroñés, 4 tiros, dos fuera y dos a las manos del portero; Barakaldo, 5 tiros, tres fuera y dos a las manos del portero. Pero hubo un sexto, el del minuto 91, que pudo cambiar el signo del partido. Afortunadamente, Ramón estaba allí para remediarlo.
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