Miércoles, 7 de marzo de 2007
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CULTURA

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El maestro del humor inteligente
José Luis Coll fallece a los 75 años víctima de una dolencia cardiaca Formó una pareja de culto durante los años 70 con Luis Sánchez Polack
La primera vez que Luis Sánchez Polack, Tip, y José Luis Coll actuaron juntos fue en el hotel Aránzazu de Bilbao, en el año 1967. Sólo la enfermedad, treinta años después, logró separar a la pareja cómica más popular de la Transición. El 8 de febrero de 1999 falleció el histriónico Tip tras meses convaleciente por un derrame cerebral. Ahora, es la otra parte del dislate, su alter ego, José Luis Coll, cómico como él, además de actor y escritor, la que vuelve a dejar al humor español un poco más huérfano. Ayer falleció en el hospital madrileño de La Paz, a los 75 años. Sufría una grave dolencia cardiaca.

Fue siempre la chistera de Tip contra el bombín de Coll. El primero, con sus voces destempladas, y el segundo, con su aparente tranquilidad. «Y la próxima seman... hablaremos del Gobierno», fue una de sus frases con más repercusión, ésa con la que daban por terminado cada 'sketch'. Sólo lo cumplieron un día, y mientras se dedicaron a convertir actos ordinarios como llenar un vaso de agua, una de sus actuaciones inolvidables, en una fiesta del absurdo: «El vaso hacia arriba, porque si está hacia abajo el agua se cae; el vaso abajo y arriba la botella, porque si es al revés el vaso no se llena...». Y era Coll quien pedía la atención del espectador al grito de «¿regardé, regardé la gilipolluá!». Tan ridículo y tan gracioso. Entre bromas y veras, resultaba que decían lo que en esos tiempos no se podía decir.

En su último papel en el cine, José Luis Coll interpretaba al padre de Santiago Segura en la secuela 'Isi & Disi, alto voltaje', estrenada en diciembre de 2006. Su última aparición pública se produjo precisamente ese mismo mes. Coll participaba como invitado en la gala del cincuentenario de Televisión Española. Se recordó entonces cómo el dúo al que dio la mitad de la identidad creció en la pequeña pantalla, en el espacio 'Galas del sábado' de TVE 1. También intervinieron Tip y Coll (quisieron llamarse 'Tipicoll Spain' en sus inicios) en más de quince películas y series, hicieron teatro y galas en salas de fiestas. No sin convertirse a veces en pasto de la censura. Como aquella vez que bromearon sobre un lapsus lingüístico del socialista Enrique Múgica y tuvieron que dejar la tele durante ocho meses, recordaba Coll.

Hombre de teatro

La Primera modificó ayer su programación nocturna para ofrecer un especial presentado por Jesús Hermida sobre José Luis Coll, quien en mayo del año pasado celebró su cumpleaños pisando las tablas del Teatro Madrid con la obra de Miguel Mihura 'Tres sombreros de copa'. Gran aficionado al billar -por la calle le preguntaban si seguía jugando partidas con Felipe González-, Coll estaba casado con Clotilde y era padre de cinco hijos. Terminado el bachillerato comenzó a trabajar en una oficina de abastos, y a la vez colaboraba en un periódico de su Cuenca natal como reportero. Hasta que por mediación de su amigo el periodista César González Ruano dejó su ciudad natal y se trasladó a Madrid en 1956. Allí comenzó a hacerse popular como humorista en el semanario 'La Codorniz' y en Radio Nacional. Le presentaron a Mingote y Álvaro de la Iglesia y dio el paso al teatro. En 1959, tras debutar con la obra 'Ninette y un señor de Murcia', conoció a Luis Sánchez Polack, con el que formaría años después pareja artística durante más de tres décadas. De Tip siempre ha hablado bien José Luis Coll, a pesar de sus diferencias ideológicas: «Fue un auténtico genio. Le echo mucho de menos. Nos bastaba una mirada, un gesto, para saber lo que iba a decir el otro. No hubo crisis durante el tiempo que estuvimos juntos, tampoco discusiones políticas porque nos respetábamos».

«Uno de los más serios»

Luego vino la televisión, el cine, y las letras. Autor de un diccionario propio y de varios libros de corte humorístico y difícil etiquetaje, este profesional, «uno de los más serios del país», según la definición que él mismo se adjudicaba, tenía una imagen asociada al éxito. Pesimista y fatalista, hombre «de centro izquierda», decía que el humor «apenas» había cambiado con el paso de los años. «Cuando es bueno, es siempre el mismo, y cuando es malo, también. Ni el humor ni las personas cambian con la edad. En España falta creación, gente con empuje y valentía, porque en el humor hay que ser valientes», advertía.

De su trabajo se mostraba «satisfecho en un 95%», y siempre convencido de que lo suyo fue una vocación -«el humor nace con uno, ni se aprende ni se estudia»-. José Luis Coll sufría una grave dolencia cardiaca y el pasado mes estuvo ingresado en la UCI del mismo centro médico donde ayer falleció. Había abandonado el hospital tras una mejoría de la que recayó horas después y de la que ya no se recuperó. Este cómico conciso, serio e irónico, maestro del humor inteligente, como le recordarán las crónicas, será incinerado hoy en el crematorio de La Almudena de Madrid, tras ser velado por sus familiares y amigos.

 
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