«Llevo más de cuatro años esperando mi piso en una torre de Salburua. Vivo de alquiler y es como tirar mi dinero a la basura. Estoy pensando en comprar una casa en el mercado libre, no puedo más». Es el testimonio de Luis Alberto Sánchez, ansioso por formar una familia junto a su novia y harto de hacer fotos a un incompleto edificio. Como él, casi 2.500 vitorianos esperan una vivienda protegida sorteada por las instituciones desde hace dos años como mínimo. ¿Las causas? Que varias promociones fueron rifadas mucho antes de que pudieran empezar las obras y que, por si fuera poco, algunas constructoras tardan demasiado en dejar los bloques en condiciones óptimas.
En concreto, 2.464 familias que fueron agraciadas con una vivienda en los siete sorteos celebrados por el Ayuntamiento y el Gobierno vasco entre 2002 y 2004 aún esperan entrar en su nueva casa de protección oficial. Esto supone que casi la mitad de las 5.243 rifadas en ese periodo todavía están vacías porque no están terminadas, según confirma un reciente estudio elaborado por el Ejecutivo autónomo al que ha tenido acceso EL CORREO.
De las viviendas pendientes, 1.483 fueron promovidas por el Ayuntamiento de Vitoria y las 981 restantes por el Gobierno vasco. El periodo normal para construir un bloque de pisos se sitúa entre los 18 y los 24 meses. De esta forma, como todas estas viviendas se sortearon entre 2002 y 2004, gran parte deberían estar ocupadas en la actualidad.
Incumplen la ley
Pero la realidad es bien distinta, como bien saben muchos vitorianos. El retraso más sangrante es el que sufren las 356 familias que aún esperan recibir las llaves de los pisos adjudicados por el Gabinete Alonso en diciembre de 2002. Entre ellos se encuentran las las torres que ultiman las empresas FCC y Jaureguizahar en Salburua, y otras dos promociones impulsadas por la firma Construcciones Palmiro en el barrio de Ali, según detalla el mismo informe.
En estos casos han existido curiosos ejemplos de fallos constructivos. El propio concejal de Urbanismo, Jorge Ibarrondo, reconoció recientemente que los dos grandes bloques que levanta FCC en Salburua incumplían la ley porque sus cocinas y garajes eran más pequeños de lo exigido. «En realidad esto sólo afecta a 10 pisos y se solventará en breve», matizan fuentes del Gobierno vasco, que de momento se niega a recepcionar esa obra.
Pero el propio Ejecutivo autónomo también tiene varias promociones sin entregar. Por ejemplo, aún no ha dado las llaves de 317 viviendas que rifó en mayo de 2003, hace casi cuatro años. Ubaldo Ortiz, delegado del Departamento de Vivienda en Álava, explica que «los retrasos en la entrega suelen ser por pequeños fallos que descubrimos al final de la obra, como en el suelo o los ascensores».
Ortiz asegura que, al margen de los retrasos de las constructoras, la principal causa de que tantas familias vitorianas esperen aún su piso es el anterior sistema de rifa que utilizaban las instituciones. Hasta hace dos años, buena parte de los sorteos se realizaban mucho antes de que pudieran empezar las obras de los bloques.
En agosto de 2005, recuerda el alto cargo, el consejero Javier Madrazo firmó una orden para exigir que todas las casas que entraran en el bombo tuvieran antes la calificación provisional de VPO del Gobierno vasco. Así se despejaba un trámite legal y la construcción podía comenzar en breve, con un promotor asignado a cada parcela. «Desde entonces ya no hay tantos retrasos», asegura Ortiz.