Viernes, 9 de marzo de 2007
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ÁLAVA
«Siempre es el mes que viene»
Más de cuatro años después de que les tocara un piso en Salburua, Arantxa y su novio no han entrado aún a vivir
«Siempre es el mes que viene»
MUCHA PACIENCIA. Arantxa mide la cocina de su casa, aún sin entregar. / JESÚS ANDRADE
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Arantxa H. y su novio, una joven pareja que ronda la treintena, no ven el día en el que puedan, por fin, entrar a vivir en su nuevo hogar en Salburua. Ése que les tocó en el macrosorteo municipal de VPO celebrado en diciembre de 2002 y que, cuatro años y tres meses después, sólo han podido ver desde la calle. Porque su historia se reduce, de hecho, a un cúmulo de despropósitos, retrasos, largas y más largas, cuyo desenlace parece abocado de momento a la incertidumbre. Y es que, hace apenas dos semanas -«después de que se nos lleve diciendo 'el mes que viene' desde septiembre»- se supo que el departamento vasco de Vivienda rechazó en su día la promoción de estos pisos -dos torres que ha levantado FCC en Salburua- porque sus cocinas y garajes no tenían la superficie mínima exigida por la ley.

«Nosotros nos enteramos en noviembre porque nos lo comunicó la constructora y, aunque mi piso sí cumple la normativa, al haber otros que no lo hacen no se han podido tramitar los permisos», explica. Y con este percance, el enésimo de una historia aún por concluir, se volvió a retrasar de nuevo la entrega de llaves a los adjudicatarios. «Inicialmente, estaba previsto que pudiéramos entrar a vivir en otoño del pasado año. En noviembre nos enteramos de lo de las cocinas y, así, hasta hoy», recapitula Arantxa.

A pesar de su «desesperación», la joven -farmacéutica de profesión- confía en que, esta vez sí, «lo del mes que viene se cumpla». «Han dicho que en una semana estarán resueltos los problemas, así que espero que esta vez sea la definitiva». Y es que, 51 meses de espera son demasiados para una joven pareja que aguarda «con ganas» el piso que les corresponde. «Lo peor -se queja Arantxa- es que encima parece que no te puedes ni quejar porque lo único que te dicen es que no protestes porque que te toque una vivienda es como si te tocara la lotería».

Más casos

Palmaditas de la diosa fortuna aparte, lo cierto es que a la joven vitoriana no le parece que una espera de más de cuatro años sea lo «normal». Y añade. «Lo peor es que no somos los únicos. Tengo una amiga a la que le tocó un piso en la torre de al lado, también en 2002, y le han dicho que la entrega de llaves no tendrá lugar por lo menos hasta julio».

Con este panorama, Arantxa considera que «los pisos deberían sortearse una vez construidos». «¿De qué me sirve que me toque uno en 2002, si luego voy a tener que esperar más de cuatro años para entrar a vivir?», se pregunta.

La cronología de su caso -pasaron casi dos años hasta que supieron que su casa estaría en Salburua y dos más, cuatro en total, hasta que firmaron el contrato de compraventa- le da la respuesta: «para nada».

 
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