Jueves, 29 de marzo de 2007
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ÁLAVA
Suspiros de alivio
Los vecinos de la ribera del Zadorra respiraban ayer «tranquilos» al comprobar que el nivel del agua ha bajado
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En los pueblos de la ribera del Zadorra, los paisanos miraban ayer al cielo como si, con ello, su plegaria -'Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy'- fuera a surtir efecto. Y lo cierto es que, con o sin intermediación divina, así fue. De Víllodas a Trespuentes, desde Durana hasta Arroiabe. La lluvia dio ayer una ansiada tregua -hasta primera hora de la tarde, por lo menos- a las poblaciones con mayor riesgo de sufrir inundaciones y sus vecinos respiraron aliviados. Que dure, o no, sólo depende, según ellos, «de que siga sin llover y de que el desembalse continúe como hasta ahora». Toca esperar pero, al menos ayer, había motivos para confiar en que «lo peor ya ha pasado».

Lo decía a media tarde Conchi Balzategui, una vecina de Mendívil que suspiraba aliviada después de comprobar cómo a lo largo de toda la jornada el nivel de agua que cubre las fincas desde el fin de semana descendía «poco a poco». «La gente está tranquila porque el panorama está mejor que ayer (por el martes) y porque, además, estamos acostumbrados. Es lo de todos los años y ya no nos pilla por sorpresa», confesaba la mujer. Aún así, Conchi incidía en la necesidad de «limpiar el río porque, de lo contrario, el agua tiene que salir por algún lado» y, sobre todo, de indemnizar a los propietarios de las fincas afectadas, «a los que nunca se les da nada».

«Un metro menos»

A escasos dos kilómetros de distancia, desde Arroiabe en concreto, llegaba el mismo mensaje de calma y tranquilidad. «El nivel del agua es un metro inferior al del martes y, aunque estamos a la espera de lo que nos depare la meteorología, lo cierto es que estamos mucho más tranquilos».

Dos agentes de la Ertzaintza, de patrullla por el lugar, confirmaban el diagnóstico. «La situación permanece estable, quizá algo mejor que ayer, así que en este momento no hay motivo para alarmarse», sentenciaban.

De hecho, la situación respecto al domingo -cuando el río anegó en Trespuentes el campo de fútbol y una zona de juegos infantiles, y obligó a cortar la carretera de acceso al pueblo- era ayer notablemente «mejor». Sobraba darse una vuelta por allí para comprobarlo sobre el terreno: las aguas habían vuelto a su cauce natural y sólo algunas pocas fincas dejaban adivinar las consecuencias de la riada.

Con todo, el presidente de la junta adinistrativa de Trespuentes, Davide di Paola, no se aventuraba aún a echar las campanas al vuelo. «La preocupación sigue ahí porque seguimos estando al límite», recalcaba antes de ofrecer su clave para que la situación continúe estable en los próximos días. «Lo más importante es que no llueva y que el desembalse continúe siendo lento. Confiamos en que así sea». Pues eso, que la plegaria siga surtiendo efecto.

 
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