Sábado, 31 de marzo de 2007
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CULTURA

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Gijón se abre al lado más tecnológico del arte contemporáneo con Laboral
La primera exposición del centro dirigido por Rosina Gómez-Baeza juega con el visitante
Gijón se abre al lado más tecnológico  del arte contemporáneo con Laboral
CONECTADOS. Vista de la primera muestra del centro. / EFE
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LA FIEBRE DEL MUSEO
España ha conocido una frenética apertura de museos y centros dedicados al arte, generalmente contemporáneo, desde la inauguración de la democracia. He aquí algunos de los ejemplos de esta fiebre por lo contemporáneo.

Santiago de Compostela: Centro Galego de Arte Contemporáneo.

León: Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León.

Gijón: Centro de Arte y Creación Industrial Laboral.

Valladolid: Museo Patio Herreriano.

Bilbao: Museo Guggenheim.

San Sebastián: Próximamente, Centro Internacional de Cultura Contemporánea (Tabacalera).

Navarra: Museo Oteiza, en Alzuza.

Barcelona: Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

Castellón: Espai d'Arte Contemporani.

Valencia: Instituto Valenciano de Arte Moderno.

Málaga: Centro de Arte Contemporáneo, además del Museo Picasso.

Sevilla: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.

Las Palmas: Centro Atlántico de Arte Moderno.

Madrid: Museo de Arte Reina Sofía y La Casa Encendida, entre otros centros.

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Parece del siglo XXI, pero en realidad es la demostración palpable, visual y envolvente de que el arte tecnológico rompió su cascarón allá por los años 60 del XX. LABoral Centro de Arte y Creación Industrial abrió ayer sus puertas en Gijón y las abrió no sólo al presente. Para su gran coreografía inaugural, reúne cinco décadas de diálogo entre el arte y los lenguajes que la tecnología puso en cada momento en manos de los artistas.

El centro, dirigido por Rosina Gómez-Baeza, se sitúa en el antiguo orfelinato creado por el ministro franquista José Antonio Girón, luego reconvertido en la Universidad Laboral. El nuevo museo cuenta con 17.000 metros cuadrados (el Guggenheim tiene 22.000), su remodelación ha costado 11,2 millones de euros y contará con un presupuesto de 3,8 millones, aportados por el Principado de Asturias y las empresas patrocinadoras.

'Feedback', la primera parte de la muestra inaugural, es la suma de 39 piezas que convierten al espectador en elemento activo de la obra de arte. En la exposición es posible ver con los ojos de otro, gracias al japonés Hachiya Kazuhiko. Con su máquina de la 'Inter discomunicación', o lo que es lo mismo unas gafase con alas de ángel, ciega la visión de uno para sumirle en la del compañero de visita

A su lado, la obra de la brasileña conceptual Lygia Clark, un hito en los ochenta, se rinde también al sentido de la vista. En su caso obliga, con otras gafas de cuatro ojos para dos usuarios, a fijar la mirada en la persona con la que se comparte lente. Juega con la visión también Paul Sermmor, que permite compartir lecho, mediante un efecto tecnológico, con un visitante que se tumbe en la otra punta del centro.

Primer videojuego

Otra de las obras que permite tocar el arte, e incluso escucharlo, es la de Rokeby, creador de una 'comunidad de ordenadores' que habla entre sí y reacciona a la voz del espectador. Del 'clásico' Marcel Duchamp se han instalado unos discos psicodélicos e hipnóticos.

La sección llamada 'Gameworld' está dedicada al ocio electrónico. En ella se exhibe 'Super Mario Movie', un cortometraje que descontextualiza al héroe italiano y lo deja perdido entre nubes de pixeles. La muestra también abunda en la evolución que ha sufrido la tecnología y en los cambios en la manera en la que el usuario se comunica con la máquina. Ejemplo de ello son las versiones de 'Pong', el primer videojuego de la historia, presentes en la muestra.

 
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