Perfecto Fernández, su esposa y tres hijas -cuatro a uno, goleada en los debates- llegaron el martes a Vitoria. Justo para ver «la plaza de España, la de la Virgen Blanca y ahora, esperando que el tiempo acompañe un poco», comenta el patriarca orensano. Lo dice, protegido del cielo gris marengo por el paraguas, mientras las chicas disfrutan la primera sorpresa. Bicicletas de alquiler gratuito -cuadros naranjas y alegres, cestita delantera- a las puertas de la oficina de Turismo.
La familia gallega se aloja enfrente del parque romántico de La Florida, un buen arranque para recorrer el centro peatonal y peregrinar por el Casco Viejo hasta las puertas del Gran Reclamo, la catedral de Santa María. Sus cinco miembros permanecerán cuatro días en la capital alavesa, su única escala de un desplazamiento que les devolverá a Orense el sábado. Están en Vitoria por una suma de dos casualidades. Y se alegran.
Dos casualidades
«Nuestra idea era ir a San Sebastián», indica Perfecto. «Pero lo dejamos para última hora, no pudimos encontrar el alojamiento que queríamos y nos mandaron aquí». Obediente, la familia Fernández llegó a la capital alavesa con la única escapada prevista, si acaso, a Donosti. El otro factor que le ha llevado a su actual destino de vacaciones tiene que ver con un error localizado hace casi siete meses.
«En septiembre íbamos en coche para Barcelona con la idea de pararnos en Pamplona y ver la ciudad. Nos confundimos y entramos en Vitoria. Lo poco que vimos nos dejó una buena impresión y ya entonces pensamos que volveríamos para recorrerla con más tiempo». A la saturación hotelera de San Sebastián y aquella falta de GPS, que como tantas otras cosas ya parece imprescindible, se une el atractivo que el País Vasco opera en la saga de los Fernández.
El itinerario que Perfecto y compañía emprendieron nada más escuchar los consejos en la oficina se ciñe a la clasificación estándar. Se prestaron a la sesión fotográfica delante del polémico monumento a la batalla de Vitoria y pensaban ascender las escaleras de San Miguel para contemplar la imagen acristalada de la patrona y la figura de Celedón mirando a la torre de donde baja el 4 de agosto. Más allá les aguardaban, inmóviles y formales, el palacio de Montehermoso, el Campillo y la vieja catedral, faro de este turismo que se asoma a 'la gran desconocida'.
El urbanismo que atrapa
«Es una ciudad muy bien trazada, muy bonita. Me llama la atención el urbanismo, que los edificios son más o menos de las mismas alturas, parecidos». Antes de resolver que visitarían Santa María, Perfecto andaba lógicamente liado. «¿La catedral? Aquí hay dos, ¿no?» En cuanto se entere que el arqueólogo Agustín Azkarate habla de San Prudencio como la tercera, el gallego no saldrá de su asombro.
Aprovechando la cita de Armentia, los Fernández recuerdan que entre la batería de propuestas les han recomendado al anillo verde, pura naturaleza que circunda la ciudad y orgullo de los vitorianos. Tal vez apropiado para recorrer un tramo en las bicicletas de préstamo municipal que sus tres hijas ya habían cogido. Tiempo les queda, pero necesitan que la primavera se presente de verdad para apreciar lo que más les gusta cuando dejan su hogar en Galicia.
«Antes íbamos más para la zona del Mediterráneo, pero yo prefiero viajar por el interior. Me gustan muchos sitios, aunque nosotros somos del Norte y nos gustan las capitales del Norte». El sol trata de abrirse un hueco entre tanta nube y la familia se dispone a comenzar su jornada de visita. «Me gusta, me gusta esta ciudad», insiste el orensano en la despedida.