Jueves, 12 de abril de 2007
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ÁLAVA
Alonso retoma la reforma de la Virgen Blanca, que tendrá más bancos y menos fuentes
El alcalde pretende contratar la obra en mayo y que los trabajos arranquen tras La Blanca
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El alcalde, Alfonso Alonso, apurará los últimos días de su segundo mandato para poner en marcha una polémica remodelación urbana: la de la plaza de la Virgen Blanca, centro neurálgico y emblema de la ciudad que permanece inalterable desde 1917, fecha de su última reestructuración profunda. El regidor del PP -que no cuenta con el respaldo de ninguna formación de la oposición- pretende retomar el concurso público para contratar la obra el viernes 20 de abril, adjudicar los trabajos en mayo antes de las elecciones municipales y que la reforma comience en agosto, después de las fiestas de La Blanca.

El alcalde anunció ayer que el tercer -y al parecer definitivo- proyecto de reforma de la plaza mantendrá la estética avanzada el pasado mes de enero, pero con modificaciones que pretenden dar respuesta a la «inquietud ciudadana» que se extendió tras la publicación de los primeros fotomontajes. Y es que los vitorianos recibieron con sorpresa -y en ocasiones con indignación- el proyecto de los arquitectos municipales Eduardo Rojo y Carlos Ibarlucea donde se eliminan por completo los actuales jardines, colocan sendas filas de fuentes con luz a pie de pavimento y da un papel más destacado a las terrazas de los locales de hostelería de la zona.

Tal fue la preocupación detectada entre la población que el alcalde se vio forzado a paralizar la contratación de la obra y montar en tiempo récord una exposición pública en un local municipal de la calle San Prudencio, en la que pretendía recoger las opiniones ciudadanas, lo que se hizo durante 25 días entre febrero y marzo. PNV, EB y EA demandaron un «referéndum popular» sobre la reforma, pero su propuesta no contó con los apoyos suficientes en la Corporación.

Finalizada la exposición pública y con las conclusiones de la encuesta ciudadana en la mano -adelantadas por EL CORREO el pasado jueves-, Alonso apuntó ayer los tres cambios fundamentales en los que los profesionales «trabajan ya». De un lado, la inquietud de los vitorianos respecto a la escasez de mobiliario urbano se solventará con «más bancos donde sentarse, dado que los existentes en la propuesta parecían claramente insuficientes para los ciudadanos», admitió el regidor. De hecho, un 24,4% de los 894 encuestados consideró que este aspecto era el «más negativo» de la remodelación propuesta.

En segundo lugar, Alonso apuntó que los arquitectos tienen orden de reducir «al menos a la mitad» el número de fuentes luminosas, que en el proyecto original formaban dos hileras entre Postas y la balconada de San Miguel. Era el segundo aspecto más criticado por quienes dieron su opinión: a uno de cada cinco le parecían mal. «Y en lugar de colocarse sobre unas rejillas, se instalarán sobre piedra», avanzó Alonso.

Sin parterres

Por último, el presidente de la Corporación abordó el espinoso asunto de los jardines. El diseño de Rojo e Ibarlucea los destierra, al considerar que impiden que la plaza sea un «lugar de reunión» y cortan el tránsito peatonal entre el Ensanche y las calles gremiales del Casco Viejo. La «nostalgia por los parterres», como la definió ayer Alonso, se hizo notar en la opinión pública al desvelarse el proyecto, pero después sólo 11 de cada 100 encuestados los echó en falta.

«Los ciudadanos, en cambio, destacan como muy positiva la amplitud que logra el nuevo proyecto. Y esto es incompatible con mantener los jardines tal y como los conocemos», argumentó ayer Alonso, quien anunció una postura intermedia. El regidor no entró en detalles, pero dijo que la plaza contará con «jardineras móviles, con sistemas para poder quitarlas en cualquier momento», de manera que la plaza tenga «una imagen más verde» de la presentada en un primer momento.

El PNV, principal partido de la oposición, lamentó ayer la «obsesión» del PP por «empeñarse en sacar adelante este asunto sin consenso y a pocos días de las elecciones». Los nacionalistas, que confían en liderar el próximo gobierno municipal, entienden que la reforma es un «legado envenenado» de los populares a la próxima Corporación. «La encuesta a 800 personas es de broma. Todo el proceso lo han hecho a su medida», critico su portavoz local, Mikel Martínez.

 
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