Desde una escalera de bomberos con manguera incorporada a un motor propulsor para volar al espacio. Por ideas que no quede. Cuarenta alaveses han dejado constancia de su imaginación y de su trabajo en la Oficina Española de Patentes y Marcas, donde el año pasado registraron medio centenar de inventos. Una parte llevan la firma de empresas que quieren sacar al mercado nuevos productos o han logrado mejorar sus procesos de fabricación gracias a los sistemas diseñados por sus técnicos. Es el caso de Gamesa, Daisalux o de Bodegas Fernando Remírez de Gauna, entre otros.
Otras veces, la autoría corresponde a centros de investigación ubicados, fundamentalmente, en el parque tecnológico de Miñano, como la fundación Centro de Tecnologías Aeronáuticas o el laboratorio de Eduardo Anitua que ha conseguido una nueva patente relacionada con la preparación de un compuesto para la regeneración de tejidos.
La Administración también aporta. El Gobierno vasco logró el año pasado que el organismo dependiente del Ministerio de Industria le reconociese la autoría de un sistema de votación electrónica.
Muchos de los inventos 'made in Álava' llevan, sin embargo, la firma de personas anónimas. Son ciudadanos particulares empeñados en materializar una idea que les ronda la cabeza. Además de tiempo libre, emplean un mínimo de 600 euros en demostrar que han dado con algo brillante. Éstos son algunos de los discípulos alaveses de Leonardo.
FÉLIX DÍEZ DE MIGUEL
Mejora del camión de bomberos
«Se gana tiempo y es más seguro»
Desde 1984, Félix Díez de Miguel forma parte de los bomberos de Vitoria. Apasionado de su trabajo e inquieto por naturaleza, este navarro de 48 años vio necesario fijar la manguera en lo alto de la escalera de los camiones-grúa. «Se trata de no tener que montar la instalación según se llega a un siniestro». Y lo ha conseguido. Una tubería fija en el último tramo de la escala o de la cesta permite tener una toma de agua al instante. «Se gana tiempo y es más seguro para los profesionales porque no hay que tirar de la manguera y proceder después a colocarla, lo que a veces supone un lío, además de una pérdida de tiempo».
Díez de Miguel sabe de lo que habla. Su invento se utiliza desde hace cuatro años en dos «vehículos de altura» de Aguirrelanda. El Ayuntamiento ha premiado su trabajo en el certamen Ideas en Acción con el que trata de estimular a la plantilla municipal. En 2006, ha logrado la patente. ¿Y ahora qué? «Ahí me pierdo. No sé qué tengo que hacer para ver si puedo vender este sistema a otros parques de bomberos. No sé cómo se da el paso para empezar a ver algo de dinero, porque hasta ahora todo ha sido gastar», se lamenta.
Registrar un invento cuesta entre 600 euros y 1.000 euros. Para mantener la autoría es preciso pagar una cuota durante veinte o diez años, en función de si se trata de una patente o de un modelo de utilidad. Darse de alta en un club de inventores o acudir a ferias para promocionar el ingenio también supone un coste. «Esto no es sencillo. Te queda el orgullo personal de haber mejorado algunas cosas, pero pocas ganas de seguir inventado», dice este bombero, autor también de un bastón vibrador para que los invidentes crucen las calles sin miedo a ser atropellados.
PORFIRIO VADILLO REIZABAL
Autoobservación de las cataratas
«Uno mismo puede ver si le va a más»
Ingeniero eléctrico con especialidad en telecomunicaciones, Porfirio Vadillo Reizabal ha dedicado su vida a la docencia en universidades de Venezuela, donde ha impartido clases de Física. A punto de regresar a España empujado «por la situación política que se vive acá», este burgalés con domicilio en Vitoria explica con entusiasmo su patente: un dispositivo para la autoobservación de las opacidades en la zona transparente del ojo. Es decir, un sistema para saber por uno mismo si se tienen o no cataratas. «De una forma sencilla se puede ver si la catarata crece o no. Yo creo que es muy útil porque se puede ver si va a más, lo que evita acudir al oftalmólogo de forma constante hasta que conviene realizar la operación».
Vadillo Reizabal ha ideado este aparato en dos modelos: gafas y linterna. «Yo soy mi propio laboratorio», dice este inventor de 69 años enamorado de la Física. «Un gesto tan sencillo como es colocarse unos anteojos permite saber en qué estadio se encuentra la catarata. La versión linterna -resalta- es aún más sencilla». El ingenio fue premiado por el Club de Inventores Españoles, de Barcelona, hace un año. El programa de Antena 3 'El invento del siglo' le llamó el año pasado para participar en el concurso, «pero no pude ir. Además, me falta experiencia en ese campo», dice. Para inventar es necesario tener cierta locura intelectual porque se trata de ver las cosas desde otro punto de vista. Porfirio, a sus 69 años, es un ejemplo. «Claro que tengo más patentes, pero no sé cómo explotarlas».
JACOBO MÚGICA MIGUEL
Bicicleta sobre cinta rodante
«Como pedalear por la carretera»
Ingeniero técnico, decorador, proyectista e inventor. Es la carta de presentación de Jacobo Múgica Miguel, una mente inquieta donde las haya. Su último ingenio, una bicicleta sobre cinta rodante, en la que ha vuelto a trabajar con Luis Saracho. ¿Para qué sirve? Para practicar el deporte de las dos ruedas sin salir de casa. ¿En qué se diferencia de las tradicionales bicicletas estáticas? «Está muy claro. Con ésta, además de poder ir a la velocidad a la que se circula, se tiene la sensación casi real de pedalear por la carretera». Para lograr este efecto, la cinta rodante simula, incluso, pendientes hacia arriba y hacia abajo. «Está indicada para todo tipo de público: profesionales o amateurs, para tenerla en casa, en un gimnasio o en un centro de medicina deportiva», se explaya este inventor, autor junto al escalador Adolfo Madinabeitia de un 'boulder' (pared) de escalada que se ha usado en el Dima Rock Master.
Co-creador, hace años, de un fermentador de lácteos y de diferentes bancos de entrenamiento para ciclistas, Jacobo Múgica acudirá junto a Luis Saracho en abril a la feria Fitness de Madrid con un 'stand' en el que promocionarán las dos bicicletas de entrenamientos por ellos ideadas. La primera, sobre rodillos, «es más barata y transportable. La segunda resulta más sólida y perfecciona a la anterior».
JESÚS ARTEAGA DÍAZ
Motor para nave espacial
«Hay muy poco interés»
Entre el medio centenar de inventos registrados por alaveses el pasado año, hay uno que llama la atención de forma especial. Se trata de un motor propulsor para nave espacial. Su autor, Jesús Arteaga Díaz ya cosechó, en 2004, la medalla de plata del Salón de Invenciones de Ginebra con esta propuesta. La patente conseguida dos años después de que el invento pasara los consiguientes filtros de los examinadores, lejos de llenarle de satisfacción, le deja bastante frío. ¿El motivo? El joven vitoriano expresa cierta decepción por el «escaso eco» que los adelantos propuestos por personas como él suscitan en el resto de la sociedad. «Es como si a una tribu primitiva alguien le empieza a hablar del funcionamiento de un motor a gasolina mientras otra persona ofrece unas chuletas. ¿Dónde pondrá su atención?», dice de manera gráfica.
Con este ejemplo, Jesús Arteaga elude abundar en el ingenio que plantea para salir del sistema solar y llegar a otras galaxias mediante un reactor similar a los de las centrales eléctricas, pero sin riesgo alguno de provocar una deflagración termonuclear en el espacio. «Ahora lo único que interesa es hablar del cambio climático», ironiza.
m.j.carrero@diario-elcorreo.com