Lunes, 16 de abril de 2007
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DEPORTES

CICLISMO
Rodríguez recoge el regalo de Valverde
El Caisse d'Epargne dominó por completo la Klasika de Primavera y pudo elegir al ganador en Amorebieta
Rodríguez recoge el regalo de Valverde
BESOS AMIGOS. Zaballa y Valverde hacen de azafatas para Joaquín Rodríguez en el podio de Amorebieta. / IGNACIO PÉREZ
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La última curva, ya en Amorebieta, vio la generosidad de una mano. Le estiró Valverde. La recibió Joaquín Rodríguez, su escudero para las clásicas. En ese gesto le traspasó el triunfo en la Klasika de Primavera. Era la rúbrica a un acuerdo firmado cinco kilómetros antes, aún en las rampas de Autzagane. Valverde, una hélice, se zambulló en el ánimo que venía de la cuneta. Dejó a todos. Nadie tiene esas veinte pedaladas. La carrera venía disgregada, al límite. Sin aliento. Sólo Valverde respiraba de sobra. Aire para pedalear y para hablar por el enjambre de las emisoras: «Venga 'Purito', que te espero». 'Purito' es Rodríguez. El Caisse d'Epargne laminaba. Para cuando Igor Antón llegó a la cima, Valverde y su amigo se tiraban hacia Amorebieta con 8 segundos. Suficiente para atusarse el maillot y estirar una par de manos. Valverde es un ciclista con los brazos llenos de flores, de triunfos. El de ayer decidió que fuera para uno de los suyos. El que más lo mereció.

La de Amorebieta es un clásica a rachas. Con puertos de dos en dos: Montecalvo y Autzagane, repetidos en tres oleadas. Es también una cita antigua. Tradicional: con medio recorrido para una fuga estéril y con la victoria almacenada en esa triple oleada de puertos. Ayer, casi se cascó ese guión. La escapada se ahogó justo al final. De ese suspense tuvo la culpa un equipo de segunda división, el Viña Magna, el viejo Cropusa. Colgó a cinco corredores en la vanguardia, en compañía de Mancebo (Relax), Julich y Sorensen (CSC), Unai Etxebarria (Euskaltel), De la Fuente (Saunier), el peligroso Bono (Lampre), Zubero (Orbea)... Además, andaban por allí dos del Caisse d'Epargne: Lastras y Zaballa. La primera andanada de Unzúe. Ya vendrían más.

Mientras la clásica se enroscaba por Montecalvo y Autzagane, los dos grupos de la carrera se dieron un minuto y pico de distancia. A tiro. Era una mañana soñolienta, otra vez de meteorología gris. Aunque apenas llovió. Y a medida que se fue consumiendo la amenaza del chaparrón, se aceleró la prueba. Lo justo. Las dos primeras vueltas al circuito apenas filtraron la clásica. Delante, Zaballa, Julich, Mancebo, De la Fuente, Lastras y Bono llevaban buena cara. Revoloteaban sobre las cartas de la carrera. Parecía suya. Y sobre todo de Zaballa, un ciclista que pedalea a tumbos. Fuerza aparatosa. Él coronó primero la última cima de Montecalvo. Era el explorador del Caisse d'Epargne. Los otros venían detrás: Valverde, Rodríguez y el bsracaldés David López. Sólo pudo seguirles Antón, líder del Euskaltel.

Igor Antón lo intenta

La clásica rodaba zarandeada por el equipo de Unzúe. Con Autzagane barqueando sobre las cejas, lo que quedaba de la fuga -Zaballa, Bono, Mancebo, De la Fuente...- recibieron la visita de los ilustres: Valverde y sus chicos. El murciano, con las piernas reservadas para las próximas clásicas belgas, se detuvo un momento para calibrar. Tomó altura. Parado en el aire: como las águilas antes de precipitarse garras en mano. Mandó a Zaballa echar la última bocanada de aliento. Comprobó como, otra vez, era Mancebo el recalcitrante rival. El ex compañero Mancebo. Y cuando supo que ya todos jadeaban al límite, dilató su maillot negro carbono. Con esa arrancada suya. La de Lieja en 2006. Se subió a ella. Solo, claro. Entonces viró el cuello. Buscó a 'Purito'. «Ven». Palabra de Valverde. Y 'Purito' Rodríguez vino, con Antón como única respuesta.

Por Autzagane, Valverde y su elegido latían juntos. En cordada. Ya no necesitaban hablar. Era un triunfo sin palabras. «Estaba claro, era para 'Purito'», dijo el murciano. Victoria total. Por derribo. A Unzúe le costaba recordar algo así en su equipo. «Ah, sí». Gorospe y Bernard en Estella. Y el 'Chaba' y De la Cuevas en el Dauphiné Libéré. De dos en dos. Como los puertos de esta clásica.

 
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