Domingo, 22 de abril de 2007
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ÁLAVA
1.679 casas de ensueño
Desde el año 2000 se han construido 1.679 chalés y adosados en Vitoria. Sus dueños viven en un particular paraíso de exclusividad y prestigio
1.679 casas de ensueño
CERVANTES. Uno de los últimos chalés construidos.
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ALGUNOS DATOS
Construidos: desde el año 2000 se han levantado 1.679. Se multiplican por 3 los aproximadamente 500 que había hasta entonces.

Precios: oscilan entre los 180.000 euros de Ibaiondo a los 600.000 de Zabalgana y los 1,2 millones que rondan en Areitio y Armentia.

Futuro: los nuevos planes contemplan otras 2.000 casas.

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El sueño del sosiego, la nostalgia del paraíso alejado de la jungla de asfalto en forma de chalé de lujo o adosado no es un fenómeno nuevo en Vitoria. En 1924, cuarenta y cuatro ciudadanos de las clases altas presentaron un proyecto para urbanizar un terreno agrícola. Eran parcelas de 760 metros y casas de 80, 90 y 100 metros. Las construyó López de Uralde en estilo neovasco y es lo que conocemos como Ciudad Jardín. Se pusieron de moda en muchas ciudades españolas. Los más ricos ya se habían instalado en los famosos 'hoteles' del Paseo de la Senda y Fray Francisco a principios del siglo XX.

83 años después Vitoria contempla cómo cambia su paisaje urbano de una manera radical. La ciudad compacta ha dado paso a hileras de adosados y viviendas unifamiliares distribuidas por todo el mapa urbano. Desde el año 2000, punto de arranque de este auge, se han construido 1.679 casas, según datos facilitados por el concejal de Urbanismo, Jordi Ibarrondo, una cifra que multiplica por tres los existentes hasta entonces. De ellas 461 son edificaciones construidas en los núcleos rurales del municipio mientras que el resto se desparraman por los barrios nuevos de la capital alavesa. Se calcula que en los próximos años se levantarán unos 1.200 en los polígonos de Salburua y Zabalgana y otros 600 más en pueblos como Berrosteguieta o Gamarra. La realización del sueño de vivir en una casa sin vecinos no ha hecho más que empezar.

Según José Ramón Castillo, secretario del Colegio de Arquitectos, fue la espectacular subida de los precios de los pisos de Vitoria lo que empujó a mucha gente a marcharse a otros pueblos de Álava. «Sarria en Murgia, Alegría, La Puebla de Arganzón, Nanclares de la Oca, Durana se llenaron de urbanizaciones de chalés que costaban lo mismo que un piso en Vitoria. La puerta estaba abierta a lo que vino después», comenta Castillo.

Un proceso natural

Pero la razón por la que una persona se quiere marchar a vivir en una casa es más profunda. «Es un proceso evolutivo natural del hombre. Cuando se cubren las necesidades básicas, se aspira a mejorar y la casa es representación, símbolo, un peldaño más en la escala social. La evolución industrial en Inglaterra se dio en el siglo XIX y en Álava la hemos tenido en los años sesenta del siglo XX. Allí llevan muchos años de ventaja y a los anglosajones les gusta vivir en adosados, de forma independiente. Lo conocemos muy bien a través del cine. Ahora toca aquí», insiste el arquitecto.

«Hay demanda en Vitoria de este tipo de vivienda y creo que ha bajado en los pueblos», asegura Jaime Rubias presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria. Rubias está convencido de que es una demostración de la subida del nivel de vida. «No son sólo multimillonarios los que quieren vivir así. Se busca la exclusividad, el prestigio social», asegura.

El concejal de Urbanismo, Jordi Ibarrondo, explica además que se han juntado otras razones para que esta moda recale en Vitoria. «Los propietarios del suelo de los nuevos polígonos debían ceder el 60% al Ayuntamiento y pagar dos tercios de cada euro dedicado a urbanizar, además de cumplir plazos estrictos. Los beneficios obtenidos en estas viviendas libres sirven para financiar el resto de las edificaciones», comenta Ibarrondo.

Por paradójico que pueda parecer la inclusión de estas tipologías constructivas tiene, según el argumento, un sentido muy social y arquitectónico puesto que permite introducir volúmenes y alturas diferentes que hacen más ricos los nuevos distritos desde el punto de vista estético. «Habrá adosados y chalés en todos los barrios», augura Ibarrondo.

Cara e insostenible

Pero la casa soñada siempre es cara y choca contra el principio de la sostenibilidad, ahora en boca de todos. «Se piensan algunos que es más barato vivir en chalé o adosado pero no es así. Más gasto de calefacción, de gasolina para desplazarte, sube y baja escaleras continuamente, cuida el césped del jardín. Creo que no todo el mundo puede vestir un abrigo de visón o conducir un ferrari. La democracia ha traído el 'lujo para todos', pero aún hay ricos. Conozco quien se ha vuelto de los pueblos», reflexiona Aurora Fernández, editora de la revista internacional de arquitectura 'a+t' .

También Julio Herrero, jefe del servicio de Arquitectura de la Diputación, cree que esta forma de vivir «insostenible y cara, importada del Norte no tiene nada que ver con la ciudad mediterránea en la que hemos vivido. Álava perdió la oportunidad de que los que querían casa se fueran a los pueblos, respetando las tipologías de esas casas de siempre. Pero vivir en un adosado se ha convertido en el colmo de la felicidad. No lo entiendo. Con lo cómodo que es vivir en el centro», añade.

La seguridad exterior, cámaras de televisión, alarmas, perros, puertas blindadas, setos gigantes para salvaguardar la intimidad, son aspectos visibles en este tipo de casas. Sus propietarios eligen preferentemente para el exterior el llamado 'estilo vasco', discreto y conservador, aunque muchos tiran la casa por la ventana en lujos interiores. «No abunda la buena arquitectura, pero la vamos ver», advierte Ibarrondo.

p.gongora@diario-elcorreo.com

 
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