217 kilómetros. Ésta es la distancia exacta que separa Vitoria de la ciudad francesa de Dax. La misma que ayer recorrieron con cierta curiosidad 'monsieur' y 'madame' Dussans con el matrimonio Roubenne. Era la primera vez que estos cuatro amigos viajaban a la capital alavesa y la sorpresa, nada más ocupar su sitio en el tendido, fue mayúscula. «Hemos venido por el fabuloso cartel, pero no sabíamos que en Vitoria existiera esta afición». Es probable que la propia ciudad, tampoco.
Poca gente recordaba una tarde como la que ayer se vivió en la nueva plaza de la capital alavesa. «Si va a resultar que en Vitoria hay afición», soltó uno de los trabajadores del coso mientras el respetable pedía a pañolada limpia la oreja para Pablo Hermoso de Mendoza. «Llevo muchos años en este trabajo y tardes como ésta, pocas».
A saber. Tarde de puro, pañuelo y abanico; de silencio en la estocada -se notó la ausencia de los blusas-, de ovación y de tiros largos. Porque, aunque la mantilla blanca y de madroños desapareció hace tiempo de los tendidos, las tardes de faena siguen siendo un codiciada pasarela para lucir palmito. Sobre todo para ellas, que rescataron de sus armarios los trajes reservados para las grandes ocasiones.
«A los toros, hay que venir guapa y elegante. Son costumbres de toda la vida, que no se pueden perder. La fiesta es lo mejor del mundo y tenemos que conseguir que resurja en Vitoria». Visto lo visto ayer en la nueva plaza -ésa que todos alababan por la «comodidad» de sus asientos- no parece que el propósito de María Antonia Ruiz vaya a caer en saco roto.
El ambiente y la acogida, desde luego, merecieron ayer las dos orejas. Mucho político, empresario, hostelero, también destacados protagonistas de la vida cultural y deportiva de la provincia y muchos aficionados de ciudades cercanas y no tanto, como Madrid o Barcelona. Vitoria tiene nuevo multiusos y nuevo escaparate. De los buenos, de los mejores.