Yo creo que la mejor carta política y vital que tiene y ha tenido siempre a su favor María San Gil es su risa radiante, delicadamente insobornable. Esa risa que fue en realidad la gran noticia de la rueda de prensa que dio el otro día para anunciarnos su retirada 'táctica' de la actividad política y el cáncer con el que se va a tener que pelear una temporada en privado. Esa risa con la que yo sé que ganará, sin duda, a la enfermedad y a lo que le echen. Esa risa que logró eclipsar y desdramatizar una vez más de tantas en su vida pública lo feo, lo triste. Esa risa que María te regala siempre que te saluda y que -como le sale de dentro, como es tan de verdad- no le ha logrado quitar todavía nada ni nadie, al contrario de lo que les ocurre a otras sonrisas que hay por ahí artificiales y presidenciales que se borran y desgastan en tres años de poder.
Voy a hablarles sólo de la risa de María en esta columna y sé que aún me quedaré corto porque con la risa de María yo creo que se podría hacer una tesis o un tratado político y metafísico; porque ha sido siempre su mejor arma contra el otro cáncer, el del terrorismo y el totalitarismo de los que lleva tanto tiempo enferma y sin tratamiento nuestra tierra; porque esa risa es su mejor campaña publicitaria frente a quienes tratan de pintarla de radical, de dura, de intolerante. María se ríe y se caen todas esas pamplinas porque esa risa suya suavemente paradójica, entre tímida y abierta, entre irreverente y educada, entre traviesa y piadosa con el género humano es sencillamente la flor de la tolerancia. Ahora que María no va a hacer propaganda para su partido en estas municipales se me permitirá decir sin afán electoralista que se equivocaba quien le aconsejaba campañas 'de bajo perfil' para no dar miedo a los votantes porque María no puede dar miedo a nadie y lo que da con sólo reír y sonreír es confianza.
Coincidí con ella en un palco del Parlamento vasco el día en que Ibarretxe presentó su plan. Estaba preocupada pero compitió conmigo en dibujar en la pantalla de su móvil el círculo y el triángulo de la calva del lehendakari, que -como es sabido- forman, invertido, el logotipo de Antena 3. Hay quienes se extrañan de que pese a la situación de acoso y amenaza los constitucionalistas vascos tengamos tan buen aspecto. Lo digo sin modestia, mi secreto es el de María San Gil, y se lo recomiendo. Sólo consiste en conservar el sentido del humor. Leo en una revista que cinco minutos de reírse equivalen a cuarenta y cinco de ejercicio porque una carcajada mueve cuatrocientos músculos. Leo que la risa desestresa, embellece, adelgaza y es la mejor resistencia contra el cáncer. Yo me quedo tranquilo porque sé que María tiene esa medicina.