Como en una procesión de Semana Santa en la que hay que meter deprisa y corriendo el paso para que no se moje, el coro de adultos y los danzaris de la Escuela Municipal de Folklore tuvieron que dejar de interpretar su programa musical en la plaza de España y protegerse de la tromba de agua que cayó durante más de media hora, a pesar del toldo del escenario. El público, que se refugió en los arcos de la plaza de España -¿qué buena idea, Olaguíbel!- se dedicó a seguir con un ¿ooohhhh! los rayos y los truenos que acompañaron la tormenta. «Tenemos cohetes y fuegos artificiales de regalo», se oía entre la gente. A Mari Mar Ezquerra le vino un antiguo refrán de su abuela Carmen. «Cuando la lluvia cae y hace globitos es que va a seguir lloviendo». Y acertó. Por vez primera, los trompeteros y atabaleros tuvieron que tocar desde dentro de la balconada del Ayuntamiento. El sonido se perdía en medio de la tormenta.
Una novedad incluso para un veterano como Juan Ignacio Arce, trompetista de Horkonpon. Él llega de blanco inmaculado a las 8 de la tarde, oye la primera Retreta y se va corriendo a casa de su amigo Ramón Loza a tocar su particular retreta en Pasaje San Pedro, junto a la iglesia. «Lo hacemos desde hace siete años y algunos de la sociedad hacen de público». Lo dicho, una fiesta a la medida de cada uno.