Domingo, 29 de abril de 2007
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ANÁLISIS
Tun tun
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El año, y con él, triste conclusión, la vida, se nos escapa de puente a puente tirando porque nos lleva la corriente, que en nuestro caso no podría ser más literal, ya que el santo ha vuelto a dejar poco lugar a la sorpresa permaneciendo fiel a su leyenda; seamos, con todo, positivos, y agradezcamos que nos haya tocado el que mea y no el que llora sangre, que resulta bastante más duro.

El inconfundible sonido de los trompeteros y atabaleros inaugura cada veintisiete de abril una noche que, en su transcurrir, va cambiando las trompetas por monumentales trompas que reposar después en las amplias campas de Armentia.

Me cuentan que el patrón y la patrona de Álava andan algo molestos con el aldeano de Zalduondo por su premura, y porque durante estos días no se hable tanto de perretxikos y caracoles como de puros, cava y escolta; si John Wayne levantara la cabeza y, especialmente, la voz, lo resolvería con un: «no hay sitio para los tres en este abril».

Menos sitio todavía habrá en el monedero de algunos políticos que esta semana epataban con su nómina, que da para varios cafés de ochenta céntimos; ningún niño desea ya ser futbolista o actor de mayor; todos aspiran, con sabia previsión, a presidentes del gobierno.

Con menos paciencia, otros prueban suerte con el azar, como los dos empleados de banca chinos que robaron cinco millones de euros, seiscientas veinticinco mensualidades de presidente del gobierno al cambio, para invertirlos en lotería y encima no ganar nada.

Resulta evidente que algunos nacen con estrella, o, en su defecto, escaño, y otros nacen estrellados.

 
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