A San Prudencio le han comido la tostada. La rosquilla anisada, mejor dicho. A fuerza de tesón y perseverancia, un tal San Patrocinio ha terminado por usurpar su protagonismo y ha convertido la meta de la romería del 28 de abril en una disputa abierta e impúdica por promocionar lo mismo audífonos, que emisoras de radio, listines telefónicos o muebles de cocina y de baño.
Gracias al magnicidio, Armentia ya no es verde ni huele a laurel. Ahora luce los colores de la telecomunicación móvil y suena a folclore andino. Cientos de puestos venden dulces caseros y sartenes de acero inoxidable alemán, calcetines de fibra vegetal y garrapiñadas, espárragos de Tudela y pashminas cien por cien acrílicas. ¿Que uno se queda sin 'cash' en medio de la bucólica orgía mercantilista? La Vital, que está en todo, se encarga de que no pare la fiesta con un mega-autobús que lleva un cajero incorporado.
Entre col y col, arcos publicitarios de plástico, jaimas mediáticas y el manjar de la nueva generación de romeros, el bollo 'preñao' y, a poder ser, 'regalao'. Ya lo saben, Armentia o la fiesta de la marcas comerciales, huele a chorizo frito y gratuito.
Aun así, no hay nostálgicos de otro tiempo. Y si los hay, no se quedaron en casa. Vía Tuvisa, vía paseo del santo, miles de alaveses se apretaron en los aledaños de unas campas ayer embarradas por el aguacero de la Retreta para refitolear en los puestos, llenar la despensa, picar a destajo y asomar la nariz en los platós.
Algunos, como el de Álava 7 Televisión y Punto Radio se las ingeniaron para conjugar humor y tradición. Y es que, además de hincharse a inflar 3.000 globos y repartirlos junto a un centenar de kilos de caramelos, organizaron la primera carrera de caracoles de San Prudencio. Como lo leen.
La buena baba de Maljovic
La babosa competición mantuvo en vilo a buen parte del público. No en vano, en la línea de salida se daban cita Piterman, Maljovic, Romero, Prudencio y Celedón. Casi nada.
Veinte minutos después, el ejemplar que respondía al nombre del nuevo látigo baskonista se hacía con el título en solitario tras recorrer, a velocidad de molusco, algo así como un metro de distancia. El polémico presidente del club local de fútbol, por su parte, se negó si quiera a salir del cascarón. Como la vida misma.
En Armentia ya casi no se retoza ni se baila ni se acampa, pero se come, se bebe y se gasta, y la gente, al parecer, se lo pasa bien. Qué diantre importa si el homenajeado es santo o patrocinador. 'Sanloquesea' está ya festejado.