Segundo año sin cañón, pero también sin lluvia. La Tamborrada se salvó por los pelos gracias a que San Prudencio se aguantó las ganas para que trompetas, tambores y barriles pudiesen dar inicio, en la noche viernes, a las fiestas del santo a ritmo de Retreta. La tromba de agua que cayó tres horas antes auguraba lo peor. Sin embargo, el patrón se portó y el estruendo de alegría pudo irrumpir en la plaza de la Provincia.
Tal y como se esperaba, el 'Dragón', osea, el cañón, tampoco hizo acto de presencia por motivos de seguridad. No obstante, pocos lo echaron en falta, pese a ser el encargado de anunciar la Tamborrada. Los que más lo agradecieron fueron los protagonistas del espectáculo, como Koldo Díaz, de la Sociedad Arabarrak. «Por nuestra integridad, es mejor que no lo saquen», aseguraba.
Con puntualidad inglesa, las baquetas comenzaron a marcar los ritmos de las serenatas alavesas, que no se apagarían hasta bien entrada la madrugada. Las 'majorettes' encabezaban la comitiva agitando sus estandartes, entre los que se deslizaban los acordes de las canciones festivas que tocaban un batallón de 350 cocineros, soldados y arrileros. Muchos de ellos, con una curiosa habilidad: tocar y fumar un puro a la vez. Como si fuese lo más normal del mundo, Koldo Díaz desvelaba el truco: «Cuando tocamos, sólo sujetamos el puro en la boca, sin fumar».
El desfile
Las salvas de escopeta rellenaban el vacío creado entre las serenata, al mismo tiempo que provocaban sobresaltos entre el público y las 'majorettes'. «¿Me dan mucho miedo!», se quejaban. Otros manifestaban su hastío por temas relacionados con el Alavés: «¿Dmitry kanpora!», bramaban.
Tras más de una hora de concierto, la comitiva abandonó la plaza de la Provincia y se dirigió hacia las calles más céntricas de la ciudad para amenizar la noche a los que se acercaban para inmortalizar tan colorido desfile. Incluidos turistas a los que las fiestas habían cogido desprevenidos. «No sabíamos que era San Prudencio y ya que estamos aquí aprovecharemos a tope la noche», prometían los barceloneses Delfín Pernía y Jordi Arrieta.