La derrota del Athletic ante el Real Madrid es el perfecto resumen de lo que ha sido el equipo rojiblanco toda la temporada. El temple blanco alcanzó para tumbar a un bloque que se entregó sin cuartel, pero que fue víctima de sus viejos errores. El Athletic corrió como siempre, jugó en el arranque mejor que nunca, pero volvió a cometer unas tremendas torpezas atrás, al punto de que a los blancos les bastó con seis remates a puerta para llevarse el triunfo. Cuatro de ellos fueron gol, otro poste de Robinho y el último atajado por Aranzubia. Al otro lado, los rojiblancos se hartaron a disparar, sobre todo en la primera parte, pero la mayoría de sus tiros se fueron a Babia, hasta el punto de que algunos de ellos eran manifiestamente mejorables por algún niño. Es la cruz de este equipo, de la misma forma que es incapaz de sentenciar cede goles con tremenda facilidad.
Las perspectivas del Athletic se fueron haciendo más halagüeñas según avanzaba la jornada. Las derrotas de sus cuatro perseguidores le colocaba ante una situación desconocida: un triunfo le permitía meter cinco puntos de distancia con respecto al descenso y hasta un empate era una oferta a tener en cuenta.
Un equipo en la zona baja se hace por principio conservador, prefiere la eficacia al remedio extremo de atacar. Pero el Athletic no es un ejemplo al uso. Se siente tan inseguro atrás que en ocasiones como la de anoche no le queda más remedio que ser decidido arriba. Así se explica que los rojiblancos se hicieran con la iniciativa del choque desde el primer momento. Este proceder cogió por sorpresa al Madrid, pero ciertamente a los blancos no les costó sobreponerse. Les bastó con esperar a que los de Mané se aburrieran de rematar. Hasta en doce ocasiones dispararon en la primera parte, sin que Casillas tuviera que firmar ni una sola intervención. De hecho, el portero blanco tuvo que esperar al minuto sesenta para ofrecer ante Iraola la primera intervención de mérito de toda la noche.
La ansiedad se comió a los rojiblancos, que parecieron víctimas de un ataque de pánico cada vez que su fútbol brioso y veloz les acercaba al portero blanco. Frente a la flojera bilbaína, la capacidad letal del Madrid, que en su primer remate a puerta se adelantó. Por aquí vino la diferencia que explica el 1-4.
Mala defensa
El Athletic definió mal, pero es que resulta que defendió aún peor, lo que tampoco supone ninguna novedad. En el primer gol, pareció que existiera una vía de comunicación telepática entre Beckham y Sergio Ramos, quien remató en el segundo palo una asistencia del inglés. El problema en el Athletic es que no vieron llegar al sevillano, quien conectó su cabezazo sin ninguna oposición. Como si nadie hubiera reparado en que los blancos ganaron así una semana atrás al Valencia.
En el segundo gol, Cicinho maniobró a placer por la banda derecha y en el tercero Van Nistelrooy remató después de que cuatro blancos tocaran la pelota a la salida de un córner. Tan fácil veía el Madrid el partido desde ese minuto cincuenta que el holandés y sus compañeros celebraron el gol como si lo hubieran anotado en un entrenamiento.
Con Urzaiz y Yeste entre algodones y como recurso para la segunda parte, el Athletic saltó al campo con ambición. En el arranque el equipo recuperó la personalidad que le distinguía en sus mejores momentos. El grupo estaba muy junto, arrimado, con Etxeberria bien abierto a la banda y encarando por fuera.
El problema es que no hubo gol. En esta faceta, Aduriz se equivocó, Es un futbolista que se comporta como si jugara todavía en el barrio. Parece que su gran empeño en medirse con el central rival, a ver quién salta más, quién mete más los codos, quién fuerza al otro la primera amarilla... En estas luchas sin sentido se le va buena parte de la frescura que debería reservar para rematar. Anoche, para colmo, se encontró de nuevo con Sergio Ramos, con quien ya se las tuvo en la ida. En el Bernabéu le costó la expulsión. Ayer, quedarse sin ninguna opción de superar a Casillas.
Al Athletic no le costó en esta ocasión sobreponerse al primer gol rival. El juego era bueno y los rojiblancos siguieron por la misma línea, pero el segundo tuvo un efecto letal. Después de que Van Nistelrooy colocara el 0-2 San Mamés quedó sumido en una insuperable postración. Todo el mundo, desde los jugadores a los aficionados, era conscientes de que la remontada era imposible. Si el mejor arranque del año había valido para ir 0-2 en contra, ¿qué se podía esperar en cuanto las fuerzas flaquearan?
El 0-3 del minuto 50 permitió al Madrid controlar el partido como le gusta a Capello, con firmeza atrás y poco gasto arriba. Salieron Urzaiz y Yeste y el ataque bilbaíno cogió otro vuelo, Pero el Athletic ya se sabía derrotado. Las ganas de lucha primaban sobre el juego y la sensatez. Llorente recortó distancias, pero a renglón seguido Guti se presentó con facilidad ante Aranzubia. Marcó y deprimió aún más a un Athletic que había desperdiciado por su flojera una gran oportunidad.
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