El gas se convirtió en un elemento cotidiano de nuestras casas hace tanto tiempo que, a menudo, olvidamos que puede convertirse en un compañero peligroso. Unos 650.000 hogares vascos lo utilizan como fuente de energía: la mayoría, 447.269 a finales del año pasado, cuenta con instalación de gas natural; alrededor de 150.000 siguen usando las tradicionales bombonas de butano y 49.462 recurren al propano (el 71%, con depósitos, y el resto, canalizado mediante tuberías). El Gobierno vasco se encarga de velar por que las redes de distribución y domésticas estén en perfecto estado, aunque no siempre encuentra la deseable colaboración de la ciudadanía.
Precisamente, el gas natural es el que cuenta con un nivel de cumplimiento más elevado en cuanto a revisiones, ya que es la propia empresa suministradora quien avisa al usuario cada cuatro años y cursa la inspección. El año pasado, se realizaron en el País Vasco 120.276 supervisiones, todas las que había programadas, y el 45% dio con algún tipo de defecto. Casi todos eran problemas de escaso alcance, como falta de mantenimiento en calderas y calentadores, combustión defectuosa en grado leve o, donde la caldera atmosférica y la campana extractora compartían espacio, ausencia de un interruptor para impedir que funcionasen a la vez. Pero, en el 3% de los casos, se detectaron errores graves que obligaron a cortar el suministro. Según el Departamento de Industria, los más comunes son las concentraciones muy altas de monóxido, las fugas de gas y el retorno de humos por mala evacuación.
Hasta marzo de este año, las inspecciones del gas natural eran gratuitas, pero, con la entrada en vigor del nuevo Real Decreto que regula este asunto, los usuarios tienen que pagar alrededor de 35 euros por cada una.
39 siniestros
La proporción de fallos graves es mucho más elevada en el caso del butano, ya que se encontró alguno en el 13% de las instalaciones examinadas. Los técnicos achacan estas deficiencias a la antigüedad de los equipos y a cierto descontrol, debido a que el procedimiento que se sigue es distinto al del gas natural: en el butano, es el propio cliente quien debe solicitar la inspección cada vez que se cumpla el plazo de cuatro años. Ante el elevado incumplimiento de esta obligación, el Gobierno vasco va a iniciar este mismo mes de mayo una campaña extraordinaria, en la que se visitarán hogares elegidos de forma aleatoria para certificar si han pasado la revisión. En caso contrario, se les dará un plazo para hacerlo, con una amenaza de sanción en caso de que sigan desentendiéndose.
El Departamento de Industria ha contabilizado 39 accidentes en instalaciones de gas desde 2003, de los que 26 corresponden al butano. Estos siniestros han provocado cuatro muertos, dieciséis heridos o intoxicados con pronóstico grave y más de treinta leves. En lo que va de año se han registrado cuatro sucesos de este tipo, concretamente en Vitoria, Sodupe, Lasarte e Iruña de Oca, en los que un total de cuatro personas sufrieron intoxicación leve. El Gobierno vasco considera «baja» esta siniestralidad si se compara con la cifra actual de clientes, pero anima a seguir extremando las precauciones.
La cautela básica es recurrir siempre a instaladores autorizados, aunque todavía quedan personas que no lo hacen: el año pasado, en la localidad guipuzcoana de Legorreta, se produjo una fuerte explosión en un equipo que no cumplía este requisito elemental. También hay que avisar a expertos para habilitar la salida de humos o cuando se observe algún signo de deterioro en las tuberías. El color de la llama es el signo empleado habitualmente para comprobar la calidad de la combustión: debe ser recta y azul, no oscilante o amarilla. En caso de que se aprecie olor a gas -el natural no huele, pero se le añade un aromatizante por razones de seguridad-, hay que ventilar la estancia sin encender ninguna luz ni utilizar ningún timbre.