Todos los indicadores anunciaban que Toyota conseguiría superar en este ejercicio a General Motors como primer fabricante mundial de automóviles, aunque nadie podía imaginar que esto llegaría tan pronto. Así, los datos sobre producción con 2,367 millones de vehículos del primero, frente a los 2,35 millones del segundo, han demostrado de forma contundente que por primera vez el grupo nipón ha terminado con los 76 años de reinado del gigante estadounidense. Además, en este mismo periodo ha vendido 88.000 unidades más, una cantidad considerable si tenemos en cuenta que durante 2006 el más grande de los de Detroit aventajó al consorcio japonés en 120.000 unidades.
Lo cierto es que en Toyota, aunque tratan de ser lo más prudentes posible, tienen motivos sobrados para estar satisfechos. El continuo e imparable crecimiento de la compañía no sólo se debe al momento delicado de las firmas americanas, ya que también despuntan, y mucho, en el resto de los países. Por ejemplo, en Japón su cuota de mercado alcanza el 40% y en Europa, el año pasado, matriculó 1,12 millones de automóviles, lo que significó su décimo récord consecutivo de ventas. Algo que también es trasladable a mercados emergentes gracias a su política de ofrecer en todo momento el coche más adecuado para cada uno de ellos.
Esta cuestión ha sido la clave del grupo japonés, convertido hoy en número uno de la industria del automóvil con sólo dos marcas globales, como son Toyota y Lexus, a las que se suman los camiones Hino y los coches pequeños Daihatsu. Pocas compañías pueden permitirse el lujo de tener que adelantar sus planes estratégicos por haber conseguido sus objetivos tres años antes de lo previsto. Unos objetivos que, según su presidente ejecutivo, Katsuaki Watanabe, pasan por ser los primeros en calidad, antes que en cantidad, y añade que lo más importante es mantener el liderazgo en tecnología para poder ofrecer coches cada vez más seguros y respetuosos con el medio ambiente.