Los científicos han hallado quince nuevas especies marinas visibles al ojo humano en el inmenso fondo marino que ha dejado al descubierto la ruptura de las gigantescas capas de hielo Larsen A y B, en el Antártico, que han tapado durante miles de años esta porción oceánica. Son crustáceos -como gambas gigantes-, medusas y anémonas de mar, además de centenares de organismos microscópicos
El 'Polarsten', con medio centenar de investigadores de catorce países, ha sido el primero en adentrarse en los fondos desconocidos y virginales del mar de Weddell, donde en los últimos años se han desprendido unos 10.000 kilómetros cuadrados de placas de hielo a causa del cambio climático.
Este proyecto, desarrollado entre finales de 2006 y principios de este año, supone la primera de las expediciones del programa Censo de la Vida Marina Antártica y, en dos meses, ya ha constatado los cambios que el calentamiento está provocando en los ecosistemas del océano antártico. El coordinador internacional, el escocés Michael Stoddart, comentó que el 'Polarsten' volverá a surcar el mar de Weddell en noviembre en una nueva expedición que «permitirá encontrar más especies desconocidas».
Animales de superficie
Pero el cambio climático está provocando también cambios en los hábitats marinos: se han localizado animales y plantas sólo vistas en aguas más cálidas. Las consecuencias son más manifiestas en los animales de la superficie antártica, como los pingüinos, que se están desplazando hacia el sur en busca de tierras y aguas más frías. Los pingüinos de Adelia, de pequeño tamaño, cuerpo negro y ojos blancos, se reproducen ya en zonas diferentes, buscando el hielo. También hay fluctuaciones en su población, hasta ahora una de las más densas de las distintas especies de pingüinos.
«El calentamiento repercutirá muy negativamente en los animales del Antártico, pero las especies se adaptan a los cambios si tienen alimento, y en el caso de los pingüinos, éstos se alimentan básicamente de kril, y no se espera que vaya a desaparecer», indicó. En cualquier caso, Stoddart considera que las consecuencias no serán tan dramáticas en el Antártico como en el Ártico, donde, según algunos científicos, el hielo podría desaparecer durante el verano a partir del año 2080. En el Antártico, los cambios afectarán más a las zonas costeras que a las del sur, provocarán más desprendimientos de capas de hielo, y éstas se irán más rápido hacia el mar.