Domingo, 6 de mayo de 2007
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CULTURA

EL PERSONAJE

EMILIA PARDO BAZÁN
Gran mujer, gran escritora
Gran mujer, gran escritora
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BIOGRAFÍA
Emilia Pardo Bazán nace en La Coruña en 1851, en una familia noble, cuyo título -condesa de Pardo Bazán- hereda en 1890. La biblioteca familiar, el afán de su madre porque leyera y un colegio francés son claves en su formación.

Se casa con el político José Quiroga en 1868; la familia marcha a Madrid al año siguiente, al obtener aquél la plaza de diputado en Cortes. Viajan por Europa y ella aprenede inglés, francés y alemán.

Se da a conocer como escritora con 'Estudio crítico de las obras del padre Feijoo' (1876). Desde 1888 colabora en 'La época, donde publica una serie de artículos sobre Émile Zola, padre del naturalismo, que provocan gran escándalo. Roto su matrimonio, tendrá una larga relación con Pérez Galdós. Persigue la igualdad de la mujer. Primera con cargo en el Ateneo de Madrid.

Autora de 41 novelas ('Un viaje de novios', 'Los pazos de Ulloa', 'La prueba', 'La piedra angular'), siete dramas, dos libros de cocina, ensayo, crítica, libros de viajes y las biografías de San Francisco de Asís y Hernán Cortés.

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El 12 de mayo de 1921 fallecía en Madrid doña Emilia Pardo Bazán; tenía setenta años y dejaba tras ella una ingente labor literaria: cuarenta y una novelas, siete dramas, dos libros de cocina, dos biografías, quinientos ochenta cuentos y cientos de ensayos, todos escritos en un periodo de cuarenta y cinco años, a mano y sin 'negros' que la ayudasen, lo que demuestra la capacidad de algunos creadores, que los hay, y de calidad como es el caso. No sólo nos legó su inmensa obra, sino que también dejó testimonio de un carácter fuerte, de una mente libre y reivindicativa a la que no renunció en ningún momento, a pesar de los prejuicios de aquella España decimonónica conservadora, misógina y curil.

Nacida en Coruña, hija única del conde don José Pardo Bazán, un liberal, cuyo título heredó, y de doña Amalia de la Rúa, a la que siempre estuvo muy unida, Emilia tuvo una esmerada educación, creció entre libros y entre libros transcurrió su vida. A los dieciséis años matrimonió con José Quiroga, que tenía veinte y estudiaba leyes, y con quien tuvo un hijo y dos hijas. La unión no duró mucho. El marido no aceptó la proyección pública de su mujer, sobre todo a raíz del escándalo que provocó la publicación de su obra 'La cuestión palpitante', una colección de cuentos en los que mostraba su apoyo al naturalismo, movimiento literario liderado por Emile Zola cuyo fin era reproducir la realidad en todos sus aspectos, tanto social como religioso, político y sexual, sin censuras. Quiroga exigió que se retractase en público y que dejase de escribir, ella se negó, la pareja llegó a un acuerdo y se separó; sus hijos permanecieron con ella.

Independiente

La escritora tenía fortuna propia y, por lo tanto, no dependía de un marido para vivir, aunque este hecho no resta mérito a su firme postura en un entorno puritano como era el suyo, implacable hacia cualquier transgresora que no se amoldase a las normas sociales de la época. No sólo se atrevió a vivir su vida como la entendía, sino que, congruente con su postura, fue una de las primeras feministas y publicó varios artículos en contra del sexismo y a favor de que la mujer recibiese una educación semejante a la del hombre. Sus cuentos, ensayos y novelas, un género literario que en sus comienzos consideró menor, pero al que acabó tomándole gusto, reflejan su actitud como ser humano y como mujer. Con el dinero obtenido por la venta de sus libros y gracias a una herencia, construyó un castillo, su refugio y biblioteca, en el pazo de Meirás, aquél que años después fue adquirido por suscripción popular y 'regalado' a Franco, con sus libros incluidos.

Feminista, liberal e independiente, a caballo entre Madrid y Galicia, viajera empedernida, con dominio del francés, inglés, alemán e italiano, hija devota y madre amantísima, doña Emilia fue también una ferviente católica, si bien esta condición no le impidió mantener durante veinte años relaciones amorosas con Benito Pérez Galdós, diez años mayor que ella, y con otros hombres, más jóvenes y también escritores. Se reunía con el autor de 'Los episodios nacionales', naturalista como ella, en un discreto apartamento de la calle de La Palma, en Madrid. Se han conservado las cartas que ella le escribió -no así las de él-, en las que se muestra tal como era: campechana, libre, desinhibida y un pelín cursi, como suelen serlo las enamoradas. No era una mujer hermosa; era alta y robusta, pero todos sus compañeros de generación -excepto Juan Valera, Menéndez Pelayo, el Padre Coloma y algún otro machista de tomo y lomo- la adoraron por su vitalidad, inteligencia y humor. No fue admitida en la Real Academia de la Lengua y sólo tuvo un alumno cuando fue nombrada catedrática de Literatura en la Universidad Central de Madrid, pero su popularidad fue inmensa y fue la primera mujer en presidir la sección de Literatura del Ateneo de la capital.

Junto a Concepción Arenal, Gertrudis Gómez de la Avellaneda y otras, Emilia Pardo Bazán demostró que la letra escrita con voz femenina podía equipararse a la masculina y abrió el camino a las autoras que llegaron detrás de ella. Puede que su posición social le franquease más de un obstáculo, pero ella sola, con su infatigable capacidad de trabajo, se ganó el puesto que ocupa dentro de la Literatura española, más importante y duradero que el de muchos otros, de antes y de después, a quien ya nadie lee y de quien nadie se acuerda. El tiempo pone a cada cual en su lugar.

 
Vocento

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