 POR ENCIMA. Batiste describe en un ataque la superioridad que tuvo el Panathinaikos en la final ante el CSKA. / EFE |
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| PANATHINAIKOS 93 - CSKA MOSCÚ 91 |
Panathinaikos: Diamantidis (15), Becirovic (6), Batiste (12), Siskaukas (20) y Dikoudis (2) -equipo inicial-; Chatzivrettas (10), Vujanic (12), Alvertis, Tsartsaris, Tomasevic (16).
CSKA Moscú: Holden (11), Torres (9), Langdon (16), Savrasenko (4) y Smodis (18) -equipo inicial-; Andersen (4), Papaloukas (23), Ponkrashov, Van der Spiegel (6), Pashutin.
Parciales: 18-17, 28-19 (46-36), 19-21 (65-57), 28-34 (93-91).
Árbitros: Mitjana (ESP), Lamonica (ITA), Belosevic (SER). Eliminaron a Becirovic, Torres, Langdon y Van der Spiegel.
Incidencias: Más de 18.000 espectadores convirtieron el OAKA ateniense en un infierno para el equipo moscovita. |
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El Panathinaikos reina en Europa desde ayer y reinstaura la tradición de anfitriones ganadores en los últimos años. Sucedió en las ediciones de Barcelona y Tel Aviv y vuelve a repetirse en Atenas. 'Monte usted una 'Final Four', gástese una fortuna y. quizás la gane', parece rezar el slogan de este torneo en los últimos tiempos.
Y por dinero que no sea para el coloso del trébol. Desde el mismo arranque de la final, el hombre fuerte de la entidad helena, Thannisis Giannakopoulos, arengó a los suyos desde la primera fila y descalificó siempre que quiso al trío arbitral. Y, por supuesto, nadie le dijo nada. El OAKA fue ayer un estruendoso corazón verde que dio alas a los suyos en una final espectacular por parte del ganador y de una convicción encomiable de un oponente conmovedor en su esfuerzo y fe.
El Panathinaikos arrancó el encuentro con las calderas repletas de combustible, sin mostrar una sola duda a pesar de la responsabilidad -y obligación para sus fieles- de ganar en casa. Su interminable plantilla, sobrada en número y calidad, queda retratada en la cancha como una gigantesca dinamo baloncestística que ayer apenas bajó de revoluciones. Y todo bajo la batuta de una generador de alto voltaje como Dimitris Diamantidis, merecido 'MVP'. Además, a su intensa labor defensiva sumó ayer un estremecedor porcentaje de acierto hasta el descanso durante todo el duelo. Por su parte, el CSKA vivió siempre con el pálpito de estar a punto de perder pie junto al precipicio.
La escuadra rusa soportó el primer zarpazo del Panathiniakos durante el cuarto inicial, se descabalgó al descanso con una desventaja de diez puntos (46-36) y volvió a la pelea en el arranque del tercero para lograr empatar el encuentro en el minuto 23 (47-47). Papaloukas quiso ejercer de héroe en solitario, pero acabó por darse de bruces contra un bloque granítico. La resurrección de Langdon con dos triples consecutivos inauguró el minuto final con un 87-85 de infarto. Pero el Panathinaikos apenas tembló. Sabía que era el nuevo inquilino del Olimpo.