Domingo, 13 de mayo de 2007
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ÁLAVA
«Es lo más bonito que he visto en mi vida»
24 personas realizaron ayer su bautismo aéreo en Foronda para divisar Vitoria desde el aire
«Es lo más bonito que he visto en mi vida»
PILOTO. Uno de los mayores coge los mandos del avión con el que surcó los cielos de Vitoria. / IOSU ONANDIA
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Juan Andrés Díaz de Otálora recibió su bautismo aéreo hace ya cinco años. Conducir una avioneta ha sido un sueño que de joven nunca pudo hacer realidad porque «en aquellos tiempos no tenía un duro», recordaba. Ayer, este alavés de 74 años volvió a repetir experiencia para enseñarle a su nieto «las maravillas de Vitoria desde el cielo». Un regalo que el pequeño Alejandro supo agradecer a su abuelo demostrándole con esa ilusión infantil las ganas de surcar junto a él cielos y mares.

La pareja no fue la única que ayer pudo contemplar la postal aérea de la capital alavesa montados en una avioneta del aeroclub Heraclio Alfaro. En total, la Fundación Mejora llevó a 24 personas al aeropuerto de Foronda para que se iniciasen en el mundo de la aviación. Eso sí, en grupos de tres.

Minutos antes de las diez de la mañana, Antonia Cid, Eneko Durán y Rosa Núñez se dirigían al hangar desde el que debían salir volando. Los tres aseguraban que estaban «muy tranquilos», aunque las sonrisas y los cuchicheos delataban su nerviosismo.

Por fin, la avioneta estuvo lista y el instructor, José Manuel Fernández, les reclamó para iniciar el vuelo. Como si de una estrella de cine se tratase, Rosa se puso los cascos cuidando de que el peinado no sufriese y saludó a los que se quedaban en tierra, gritando: «¿Gracias y hasta el regreso!».

El viaje duró veinte minutos. El instructor permitió a algunos de los viajeros coger los mandos del avión que sobrevoló el pantano de Ullíbarri y Vitoria.

Nada más bajar de la aeronave, Antonia no pudo contener su emoción: «¿Es lo más bonito que he visto en mi vida!», aunque también reconoció que los giros le habían dado «un poco de miedo».

Los aviones

Para realizar este bautismo aéreo, el Aeroclub Heraclio Alfaro utilizó uno de los dos aeroplanos destinados a los sesenta socios. «Son aviones de ala alta que pueden alcanzar los 200 kilómetros por hora. Cuestan alrededor de 5 millones y necesitan muchas revisiones mecánicas», explicaba el presidente del club, Pedro Gorospe.

Heraclio Alfaro dispone de una escuela que cuenta cada año con 8 alumnos. Gorospe admitía que para conducir estos vehículos «se necesita una dosis mayor de seguridad porque allí arriba estás tú solo. Tienes que conocer tus sensaciones, además de la mecánica de vuelo, la meteorología y otras muchas cosas». El presidente del club admitió que, a pesar de que existen instrumentos de radio y GPS que ayudan a la orientación del piloto, «se sigue sintiendo esa sensación de aventura durante el vuelo».

Si las condiciones meteorológicas lo permiten, otros 48 osados comprobarán esa emoción de riesgo durante dos sábados más.

 
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