Es agricultora, veterinaria, ha nacido en Vitoria y vive en Argote; está casada, tiene dos hijos y regenta un establecimiento de agroturismo. Es la ficha personal de Yolanda Urarte, la primera mujer presidenta de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Álava (UAGA), un sindicato con más de 1.700 afiliados, es decir, siete de cada diez trabajadores del campo.
Tiene una mirada fija, penetrante. Se la ve inquieta, algo lógico en alguien que lleva poco más de un mes en un cargo hasta ahora reservado a los hombres. Pero tiene las ideas claras, cualidad imprescindible para dirigir un sindicato que aglutina un mar de sensibilidades. Asegura que «el que no esté preparado para los cambios tendrá problemas», y critica a quienes van a vivir a los pueblos con mentalidad de ciudad. «Que no vayan», pide.
-Lleva un mes en la presidencia de la UAGA. ¿Cómo lo ha vivido?
-De una manera sorprendente. Me he dado cuenta de la actividad que tiene el sindicato, es muy amplio. Hay muchos temas a tratar.
-Usted es la primera mujer que dirige un mundo considerado tradicionalmente como reservado a los hombres. ¿No se siente rara?
-No. Creo que lo que ocurrió en la asamblea durante las votaciones fue una demostración de madurez por el estereotipo de machismo que caracteriza al sector. Pero se ha vivido con toda normalidad. Además, de los cinco miembros del comité del sindicato tres son mujeres. Lo positivo es que esta situación se ha admitido con toda normalidad. Y eso que se presentó otra candidatura masculina. Hay mucho estereotipo en este sector, algunos un poco trasnochados, que han cambiado.
-¿Cuáles, por ejemplo?
-Que era un sector pasivo, sin alternativas, o un sector que llora mucho. Eso ha cambiado porque se empieza a buscar el futuro con optimismo, con realismo. El agricultor está muy orgulloso de lo que es. A algunos les habrá parecido bien que una mujer esté en la presidencia y a otros mal. Es ley de vida. Pero les ha hecho mucha ilusión a las mujeres del campo porque su labor no se había visto hasta ahora, se quedaba de puertas adentro. Ahora se ha ilusionado a ese sector, se sabe que existimos.
-¿Puede ser un acicate para las nuevas generaciones de mujeres?
-Las mujeres nos tenemos que empezar a creer que estamos en igualdad de condiciones. Si se le apoya un poco a la mujer se pueda dar el salto.
-¿Qué es lo que más le ha sorprendido desde que está en la presidencia?
-Que el sector está viendo con buenos ojos mensajes nuevos. Y me ha sorprendido cómo todas las instituciones saben los que es la UAGA, su trabajo. Escuchan, otra cosa es el caso que nos hacen luego. Pero para empezar es importante.
«Momento de cambio»
-Hágame un diagnóstico del campo alavés.
-Hay muchos subsectores y con diferentes realidades. Todos tienen problemas, aunque cuentan con posibilidades, como el vino de la Rioja Alavesa y el queso, pese a que en este caso tiene el problema es el lobo, que pone en peligro este subsector. Luego está la cuestión lechera, con problemas de rentabilidad; el cereal, la patata y remolacha, con momentos de incertidumbre. En general, es un momento de cambio porque va a haber cambios y en unos casos pueden ser negativos y en otros positivos.
-¿Cuáles son?
-El mundo del vino puede alterarse, igual que el de la remolacha. Hay que trabajar mucho. Si el sector acepta los cambios habrá posibilidades. No va a haber una solución general; habrá un conjunto de pequeñas soluciones con un producto para parcelas de labranza pequeñas y otros para más grandes.
-¿Están los agricultores alaveses preparados para tanto cambio?
-El que esté preparado saldrá adelante. El que se niegue a cambiar tendrá complicaciones. Lo cierto es que lamentándonos no vamos a conseguir nada. Nadie va a hacer nuestro trabajo. Si tomamos la iniciativa saldremos adelante.
Problemas y crisis
-¿Se puede decir entonces que el campo está en crisis?
-¿Si se puede decir? Siempre lo comparo con el teatro, que se dice que está en crisis, pero la actividad sigue. El campo tiene problemas, pero no está en crisis si éstos se entienden como antesala de la desaparición.
-¿Pero podrá vivir sin ayudas institucionales?
-Debe llegar a vivir sin ayudas porque si no, en el momento en que falten esos apoyos, el campo desaparecerá. Otra cosa es que haya pagos compensados a situacione complicadas de producción, ya sea porque vivimos en un medio difícil o se solicita al agricultor o ganadero otro tipo de trabajos además de su propia producción.
-El agricultor alavés ha tenido fama de llorón, de acudir siempre a las institiciones para que les solucione el problema.
-Las instituciones tienen que estar para ayudar a todos los sectores económicos. Apoyar para que los proyectos salgan adelante, a la investigación, a los nuevos productos... No ayudar directamente al agricultor.
-En su día la provincia presumía de la patata y luego de la remolacha, las dos cultivos ahora con problemas. ¿Qué queda?
-Hoy por hoy tenemos el queso, pero obtenemos premios y no apoyamos el proceso de producción. Y el vino. Son dos productos estrella, pero debe haber más. Vamos a esperar un poco.
-Se piensa en utilizar la remolacha para producir bioetanol como combustible. ¿Será rentable?
-Es una posibilidad que está ahí, aunque todavía no se sabe si será rentable desde el punto de vista económico.
-Usted regenta un agroturismo en Treviño. ¿Puede ser una salida rentable para el agricultor y el ganadero?
-No es la solución para el campo, aunque puede ser una alternativa, un complemento. Y siempre que sea un complemento a la producción. Es una forma de que la sociedad nos conozca. En este sentido, puede ser concebido como un servicio más.
-¿Ha calado en el sector agrario este tipo de negocios?
-Hay discrepancias sobre el concepto. Si el turismo rural supone ir con la moto o el quad por el monte y con derecho a todo, no está bien visto.
Regreso al pueblo
-¿El usuario se identifica con el medio rural cuando va a un agroturismo?
-Por mi experiencia, la gente sí tiene esa cultura. Tiene inquietudes por conocer y ver a los animales. Cuando se conoce cómo es un trabajo es cuando se llega a respetarlo de verdad, y en el desconocimiento es cuando se crean conflictos.
-El campo siempre ha repetido la cantinela de la falta de relevo generacional. ¿Cómo está la situación ahora?
-Hay que hacer el campo apetecible para los jóvenes. Tenemos la zona de la Rioja Alavesa en donde sí ha habido relevo, también el tema de la oveja latxa... Pero, por un lado, te tiene que gustar y por otro, tiene que ser un trabajo digno. No hemos transmitido a nuestro hijos lo que nos gustaba antes nuestro trabajo, lo bien que se vivía en los pueblos. Y tampoco le hemos dicho que no es incompatible estudiar y trabajar en el medio rural. Si somos capaces de trasladar lo orgullosos que estamos, habrá más futuro. Y para eso me lo tengo que creer.
-Ahora se ha producido una especie de regresión con la vuelta de los ciudadanos a los pueblos.
-Una cosa es que vaya a integrarse y otra, a vivir. Sí es cierto que eso provoca que se mantenga el pueblo, pero hay gente que va a vivir al pueblo y otra sólo a dormir. Y la gente del pueblo necesita que se vaya a vivir. Si no se participa en todos los temas que atañen a una localidad, no se vive en un pueblo. Si no vas a vivir no llegas a comprender.
-¿Cómo aceptan los agricultores a los forasteros?
-Hay gente que los acepta bien y otros mal. Hay gente que va al pueblo con mentalidad de ciudad. Y eso no está bien, como tampoco que en el centro de una ciudad se construya una granja de cerdos. Si quiere llevar al pueblo la ciudad, que no lo haga.