Polémico, crítico, rebelde, soberbio... A Manuel Conthe se le reprochan todos estos defectos, pero los que han trabajado con él en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) coinciden en reconocerle dos grandes virtudes: una inteligencia fuera de lo común y una defensa a ultranza de la independencia de los organismos reguladores respecto del poder político.
Este madrileño de 53 años y padre de tres hijas llegó a la presidencia de la CNMV en 2004 de la mano del vicepresidente económico, Pedro Solbes, con la idea de colocar al supervisor español a la altura de sus homólogos anglosajones, referentes de independencia y rigor. Pero, según él mismo ha denunciado, ha tropezado con las presiones del Gobierno en el caso de la guerra de OPAs sobre Endesa, lo que le ha llevado a dimitir. Eso sí: como hizo en el Banco Mundial, no se ha ido sin antes hacer su particular crítica, que ha abierto una crisis institucional de gran calado.