La internacional del crimen organizado ha conseguido hundir profundamente sus raíces en Europa. Grandes mafias locales, como las italianas Ndrangheta o la Camorra, han forjado sólidos vínculos con organizaciones criminales de viejo cuño, radicadas en Bélgica, Holanda, el Reino Unido y otros socios de la UE, mientras que una galaxia de bandas étnicas extremadamente violentas de origen albanés, chino, turco, marroquí y ruso, establecidas en varios Estados miembros, viven del tráfico de drogas y del de seres humanos.
A todos ellos han venido a sumarse recientemente una tercera categoría de criminales, que carecen de estructuras estables y que se juntan, cuando llegan a hacerlo, para cometer un único delito. Con frecuencia operan por Internet y sin conexión física entre ellos. Es el caso, por citar un ejemplo, de los clanes nigerianos, que se enriquecen mediante fraudes cometidos a través del correo electrónico. Los 'spams' que ofrecen participación en fondos bancarios procedentes de tiranos africanos, reales o imaginados, son el caso más típico. Parecen reportarles millones. A estos delitos, los expertos los denominan 'Scams 419' -'chanchullos 419'- porque ése es el artículo del código criminal nigeriano que ilegaliza los abusos de confianza.
Pero el asunto va mucho más allá del 'spam' de la supuesta viuda del tirano depuesto: desde los cibercafés de Lagos o Moscú, informáticos técnicamente cualificados y muy brillantes -se les conoce por 'Yahoo boys'- ejecutan estrategias de ataque a los servidores informáticos de instituciones financieras o casas legales de apuestas, poniendo en práctica nuevas formas de extorsión, fraude o robo de identidades. Las policías europeas han logrado desmantelar bandas que trabajaban en equipo, en entornos propios de una oficina comercial, donde los cibercriminales compartían despacho con falsificadores de documentos, contables corruptos y expertos en abusos de confianza equipados con auriculares telefónicos.
Y están, finalmente, las bandas de moteros, que cuentan con estructuras muy estrictas y que operan a ambos lados del Atlántico. En Europa son tres los gangs de esta calaña: 'Hell Angels', 'Bandidos' y 'Outlaws'.
Diagnóstico alarmante
La descripción de la polimorfa organización del crimen europeo pertenece a Hugo Brady, un experto británico en cuestiones de seguridad que acaba de publicar un sólido informe sobre 'La UE y la lucha contra el crimen organizado', a través del Centre For European Reform, con sede en Londres.
Brady, que ha abordado más de una vez la telaraña del crimen internacional radicado en Europa, describe una situación extremadamente alarmante. Cuenta, por ejemplo, que la Yakuza (mafia) japonesa subcontrata con criminales oriundos de países de los Balcanes occidentales robos en Londres o París. Y también que los nuevos esclavistas de China, Nigeria y Tailandia, confían a bandas de criminales albaneses o lituanos la tarea de encontrarles en Europa compradores para sus víctimas. La región moldava del Transdniester, que hace frontera con Ucrania, se ha convertido en una especie de refugio para el tráfico de seres humanos con fines sexuales, el paso de inmigrantes ilegales o el contrabando de armas, todo a gran escala.
El terrorismo, naturalmente, se aprovecha de las nuevas formas de criminalidad para avanzar en sus designios. Las policías italiana y española demostraron que la Camorra napolitana había colaborado con los terroristas del 11-M, en el transporte de droga entre Marruecos y España. Asimismo, dos norteafricanos que vivían en el Reino Unido, Brahim Benmerzouga y Bagdad Meziane, fueron inculpados en 2003 de contribuir a la financiación de Al Qaida, a través de un fraude masivo de tarjetas de crédito con el que recolectaron millones de libras esterlinas.
Por resultados, el tráfico de drogas continúa siendo el negocio más lucrativo, aunque el tráfico de seres humanos experimenta, estos últimos años, un crecimiento exponencial. Los estupefacientes llegan a Europa por varias rutas, cada una de las cuales se encuentra bajo el control de bandas concretas. Los colombianos, marroquíes y nigerianos introducen cocaína y cannabis en Europa a través de España, Francia, Portugal e Italia. La mayor parte de la heroína que se consume en Europa es transportada por clanes mafiosos albaneses y turcos, que canalizan sus compras de opio afgano hacia el viejo continente a través de los Balcanes. Las rutas nórdicas y del Báltico están controladas por criminales rusoparlantes mientras que el Atlántico es territorio de belgas, holandeses y británicos.
Naciones Unidas calcula que el crimen organizado rinde al año unos beneficios de un billón de dólares. Al Reino Unido, las actividades de las bandas criminales le cuestan 3 puntos de su PNB (Producto Nacional Bruto), es decir 60.000 millones de euros y los 100.000 desgraciados y desgraciadas que entran al año en Europa para disfrute sexual de desaprensivos dejan a las mafias que los esclavizan del orden de 10.000 millones de dólares en beneficios.
Las bandas de albaneses, lituanos, rumanos y turcos se cuentan como las más salvajes en este tráfico sexual. Además, los criminales están atentos a las nuevas posibilidades. Por eso, es constante la adaptación y el redimensionamiento de sus redes, que adaptan a nuevos fines: del tráfico de drogas a la filtración de inmigrantes ilegales, el contrabando de alcohol y tabaco o el esclavismo sexual.
'Fachadas honorables'
La construcción de «fachadas honorables» que disimulan tanta actividad criminal bajo una apariencia de legalidad, ha tenido lugar hace mucho tiempo. Los gángsters han adquirido agencias de flete y compañías de transporte para gestionar tráficos ilegales con mayor tranquilidad, de la misma manera que algunas agencias de propiedad, casinos y oficinas de cambio «son frecuentemente utilizadas como tapaderas para el blanqueo de dinero». Europol asegura en su informe de 2006 sobre la amenaza del crimen organizado que los criminales «muestran una maestría remarcable en la manipulación del sector financiero».
El informe detalla que Alemania se encuentra especialmente amenazada por el crimen organizado. Su centralidad europea, sus vínculos tradicionales con los Balcanes y su dimensión hacen que «casi toda modalidad del crimen organizado tenga presencia en el país». El submundo alemán de la delincuencia está constituido por una mezcolanza de criminales balcánicos, polacos, bálticos, turcos y ucranianos, abiertos a tratos con mafiosos italianos, clanes nigerianos y bandas de moteros.