De entrada, el proyecto de mejora de la calle sorprende por la amplitud de espacio destinado al peatón, que se convierte en el 'rey' de la arteria, en detrimento del coche. El tráfico, de hecho, se mantiene de forma «residual». Los cuatro carriles existentes antes del inicio de la implantación del tranvía se transforman en sólo uno, que enlazará la calle Gorbea y la plaza de Lovaina, una ruta de mantenimiento obligado, en opinión del Servicio municipal de Movilidad, que ha supervisado el plan. Y ni siquiera será una calzada al uso, sino un carril delimitado únicamente por un cambio de color y textura en el pavimento peatonal. «Es la forma más eficaz de que los coches vayan despacio, que piensen que están invadiendo terreno que no les corresponde», explicó a este diario Inés Apráiz.
La desaparición de aparcamientos -muy mermados ya por las obras del tranvía- se soluciona con un parking subterráneo previsto para los residentes. De entrada, se ha diseñado con dos plantas y 180 huecos, pero «podría tener una extensión mayor si se aprecia más demanda», agrega la arquitecta. «Hay subsuelo de sobra». El estacionamiento también tendrá un carril de acceso desde la calle Gorbea y de salida hacia la Avenida de Gasteiz, que será «más sugerido que real», ni siquiera pintado de un color diferente. La idea es que los automovilistas tengan en toda la calle la percepción de que transitan por espacio peatonal, «como ocurre en Dato».
Los equipos de arquitectos han bautizado el proyecto como «el bosque urbano». En el suelo, se prevé piedra de tipo York, de corte similar a la utilizada en el paseo de la Música, en Castilla Sur, junto al ferrocarril. El carril de circulación será de hormigón impreso, que también se utilizará para algunos pasos peatonales sobre los raíles del tranvía. Pero la apuesta fuerte está sobre la superficie. La vegetación tendrá un tratamiento especial, con árboles de porte mayor en el centro de la calle y más ligeros más cerca de las casas, para evitar problemas de soleamiento.
'Salas de estar'
La novedad radica en que «hemos huido de las hileras longitudinales de árboles. Se distribuyen por toda la anchura de la calle siguiendo un dibujo definido pero flexible, como en un bosque, que hace de nexo entre el espacio que queda a un lado y otro del tranvía. Lo mismo hacemos con las farolas, que tendrán un diseño orgánico que colabora en que la imagen final sea ésa, la de un bosque urbano», explica Apráiz.
En dos puntos de la arteria -en su cruce con Gorbea y con la Avenida- surgen sendas 'salas de estar' con suelo de madera y mobiliario urbano, que también se distribuye por el resto de la calle. La idea municipal es elaborar el proyecto final este año y acometer a continuación las obras, que podrían tener un coste de 2,5 millones.