Sábado, 19 de mayo de 2007
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LAS CAPITALES | BILBAO
El tirón de Bilbao
La ciudad del Guggenheim apuntala los pilares de su regeneración en el urbanismo de vanguardia y el sector servicios para convertirse en foco referente de la cornisa cantábrica
El tirón de Bilbao
EL SALÓN DE BILBAO. Abandoibarra se ha convertido en la joya de la regeneración urbanística de la ciudad y destino obligado para los visitantes. / FERNANDO GÓMEZ
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Bilbao tiene tirón. Tira del turismo en el País Vasco tras haber roto la barrera de los 600.000 visitantes el año pasado -dobla a Vitoria y le saca la cabeza a San Sebastián-. Hace un puñado de años, ¿se imaginaba alguien a un grupo de japoneses recorriendo el Casco Viejo con sus cámaras colgadas al cuello? Con algún que otro altibajo, el sector de los servicios está concebido para tirar de la economía de una ciudad que picaba hierro y botaba barcos. ¿Quién iba a pensar que hoteles, centros culturales y terrazas ocuparían un día los muelles portuarios? Y tira del desarrollo urbano de la metrópoli, con un modelo de regeneración expansivo a la vista de todos. Por un lado están las obras firmadas por arquitectos de renombre, concentradas en los nuevos emblemas urbanos; y por otro, las que cierran las heridas abiertas por el desarrollo salvaje de mediados del siglo pasado, la mayoría de ellas en barrios periféricos. Son de menos alcurnia que las otras, pero imprescindibles en la vida cotidiana. ¿Hay alguien hoy dispuesto a convivir con una trinchera ferroviaria delante de su portal?

Claro que hay críticas, desigualdades y dudas en este proceso de reconversión de una capital en declive a otra que aspira a ser una referencia en el arco atlántico, desde Burdeos a Santiago. Pero en esa búsqueda de la regeneración, de superar la depresión 'de caballo' que provocó la crisis industrial, la sociedad bilbaína ha llegado a un punto de comunión envidiable para afrontar los retos con ilusión. Que aquí, hace sólo veinte años, se protestaba contra el cierre de los astilleros Euskalduna en medio de botes de humo, pelotazos y barricadas de fuego.

LOS SERVICIOS COMO MOTOR

Sin olvidar el legado industrial

Tras el desmantelamiento industrial, la ciudad se vio abocada a reinventarse o languidecer, pero con cuidado de no ser ingrato con la herencia. «Desde el punto de vista económico, tenemos que hablar de Bilbao como metrópoli. El sector de los servicios es el de mayor peso, aunque la base industrial sigue siendo importante. Tanto, que garantiza el desarrollo de esos mismos servicios», explica Marisol Esteban, catedrática del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco.

En su opinión, la industria debería girar ahora alrededor de «las consultorías, las ingenierías, los sistemas técnicos y la informática». «Somos la tercera comunidad en España, por detrás de Madrid y Cataluña en el desarrollo de este tipo de servicios avanzados», indica Esteban, a su vez, autora del libro 'Luces y sombras de titanio', editado en 2001 por la UPV.

Para cubrir este espacio, las instituciones apuestan por la operación de Zorrozaurre, próxima estación de Bilbao, en la que plantean la instalación de empresas vinculadas a las nuevas tecnologías. «La idea no parece mala. Es un planteamiento adecuado, pero le falta todavía un contenido real», comenta. En ese intento por potenciar los nuevos motores económicos, la catedrática destaca la creación del campus tecnológico en San Mamés. «El potencial está ahí». De momento, sobre el papel.

De lo ya llevado a la práctica, lamenta que el tirón del Guggenheim se haya limitado a la conquista de visitantes. A su juicio, su repercusión en la ciudad no ha provocado el desarrollo de una industria cultural «estable». Sí que parece cuajar en Bilbao la Vieja, «aunque de forma artesanal». «Podía haber tenido una mayor repercusión en la creación de producto cultural, pero el Guggenheim parece que se ha quedado en el turismo», advierte. Aun siendo así, no sería poco. El año pasado volvió a superar el millón de visitas, aportando más de 200 millones de euros de PIB en Euskadi y el mantenimiento de 4.232 puestos de trabajo.

PROYECTOS DE CONSENSO

El valor de Ría 2000

Hoy no existe proyecto de relevancia en el tintero por falta de acuerdo, salvo el plan original de la Línea 3. Al contrario, los más ambiciosos, por controvertidos que sean, obtienen al final el suficiente respaldo político y social para salir adelante, de forma que los logros pueden ser compartidos por todos o por la mayoría. Le ha pasado a las torres de Isozaki de Uribitarte, Abandoibarra, La Alhóndiga, Zorrozaurre, el campus tecnológico de la UPV en la vieja Feria y el nuevo San Mamés. Evidentemente, los partidos mantienen discrepancias en la letra pequeña, pero ninguna de peso como para frenar la operación.

Las asociaciones de vecinos han revindicado su derecho a influir en los proyectos. Por ejemplo, en Zorrozaurre y Olabeaga han salvado del derribo muchas casas y han quitado algún puente de los planos. Sin embargo, el acuerdo no siempre es unánime: esos barrios, hoy pequeños pueblos en el cinturón de la ciudad, se convertirán en 'manhattans' poblados por miles de vecinos, y es normal que a algunos de sus habitantes actuales no les guste la idea de perder su forma de vida, aunque sea en nombre del progreso.

La regeneración también ha puesto de acuerdo a todas las administraciones de Bilbao Ría 2000, la gran 'empresa' no dependiente del Ayuntamiento que ha dejado su sello en la ciudad. Nació en 1992, casi a la par que el nuevo Plan General de Ordenación Urbana, como respuesta al período de confusión que se vivió tras las inundaciones de 1983. Había que volver a empezar y no sólo quitando a paladas el fango, sino sentando las bases de por dónde debía ir el futuro de la villa. Otra cosa es que eso ya esté apuntalado.

Ría 2000 tiene un presupuesto para este año de 60 millones de euros, lejos de los 500 del Ayuntamiento, aunque concentrados en obras concretas en el Bilbao metropolitano. Esta sociedad -formada por los gobiernos central y vasco, la Diputación y los ayuntamientos de Bilbao y Barakaldo- se ha convertido en un modelo a seguir a los ojos de otras ciudades en el mismo trance de recuperarse de una depresión industrial. En su consejo de administración se sientan o se han sentado todas las formaciones políticas representadas actualmente en Bilbao. Vacunada contra las disputas de los partidos, su forma de trabajo consiste en que los socios ceden sus terrenos en una bolsa común, los consistorios cambian los usos de los terrenos y las parcelas resultantes se venden a promotores privados. Así se construyen Abandoibarra, Amezola y Olabeaga, y se cubren las trincheras ferroviarias de Rekalde y Basurto, entre otras actuaciones.

EL SELLO DEL URBANISMO

Arquitectura pública de vanguardia

Aunque las plusvalías se suelen invertir en otros barrios, hay un riesgo en toda esta estrategia. Como las operaciones se financian gracias a la promoción inmobiliaria -y la mitad de los pisos tienen que ser de VPO-, se puede 'castigar' el precio de la vivienda libre, lo que podría haber contribuido al encarecimiento general del mercado. Una zona se revaloriza y las de alrededor 'se contagian'. Es una espiral. La próxima operación de envergadura se realizará en Olabeaga, donde está previsto levantar 1.200 pisos.

«Sí, es un riesgo que podría corregirse con más vivienda en alquiler, pero vinculada a la renta del inquilino para obligarle a dejarla cuando mejore sus ingresos», propone el arquitecto Carlos Lázaro, ex presidente del Colegio Vasco Navarro. A su juicio, el suelo, escaso y caro, sigue siendo el principal responsable de los precios.

Pero esto no es un obstáculo para que Lázaro avale el modelo urbanístico de Bilbao. «Los objetivos están claros, pese a que a veces fallen las formas. Abandoibarra te puede gustar más o menos en el urbanismo, pero se ve un diseño. El modelo de Bilbao es el de una ciudad moderna que lo va a ser mucho más. Esto mismo pasa en Barcelona, Oviedo y Santiago, pero más rápido». En la capital vizcaína encuentra «una gran contradicción». «La vanguardia en la arquitectura sólo es visible en los grandes proyectos. Ese modelo se tiene que extender a la gente». Para lograrlo, la solución está a veces en los pequeños detalles. Evidentemente no se van a derribar los barrios levantados sin previsión durante el desarrollismo. «Pero sí se pueden arreglar las aceras con modernidad», apunta.

En otras ocasiones, hacer vanguardia depende de cada uno. «Hay una diferencia entre la arquitectura pública, que es moderna, y la privada, que no está al mismo nivel». Lázaro echa en falta un mayor impulso en el sector artístico, en el diseño urbano. E ironiza con un ejemplo: «No hay muchas tiendas de arte. El que más está haciendo por la vanguardia en nuestros hogares es Ikea».

No todos los grandes cambios vividos por Bilbao tienen que ver con su desarrollo urbanístico, escaparate de la regeneración, ni con la imagen cultural que proyecta el Guggenheim, su nueva seña de identidad en medio mundo. Hay uno más vulgar, sin la distinción de la arquitectura de marca ni la notoriedad que dan las obras de alcurnia, pero revelador de la transformación de la ciudad: plazas de aparcamiento subterráneo. La capital vizcaína ganará 10.000 garajes en 2008, el doble de las que tenía apenas hace cuatro años. Los parkings, la mayor parte construidos o en ejecución, dan respuesta a una demanda social y ofrecen suelo libre en la calle para proseguir con la urbanización.

LA RÍA

El eje de la ciudad

Otro de los cambios más visibles está en la ría, símbolo de Bilbao. Los que viven en la ciudad han asistido con naturalidad a su progresiva recuperación, pero los visitantes se asombran al ver sus aguas con vida -los peces ya suben más arriba del Arriaga-. Y no es una bilbainada; es motivo de orgullo para sus vecinos porque ahora ya no tienen que avergonzarse cuando hacen de anfitriones.

La regeneración de la ría tiene unas repercusiones de más largo alcance de lo que parece. Ha ayudado a que la ciudad deje de dar la espalda al Nervión y a que los proyectos urbanísticos más ambiciosos se orienten hacia sus riberas, como ocurre en Zorrozaurre, Olabeaga, Abandoibarra, Uribitarte y, aguas arriba, en Bolueta.

La eliminación de los vertidos, impulsada por el Plan Integral de Saneamiento del Consorcio de Aguas, ha elevado la oxigenación de la ría a niveles anteriores a la época industrial, cuando era la cloaca de Bilbao. Ahora mantiene como mínimo un 60% de oxígeno, bioindicador que separa la resurrección del declive. Está más viva que el Támesis a su paso por Londres, según los expertos.

La ría es una de piezas fundamentales en el cambio para Miguel Aguiló, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, y catedrático de Arte y Estética de la Ingeniería en la Universidad Politécnica de Madrid. Aguiló trae a sus alumnos de visita a Bilbao «para que aprendan» y comprueben sobre el terreno lo que es una ciudad que «cada vez está mejor». Navegan por el Nervión y ven detalles de la transformación cada vez que pasan bajo un puente: San Antón, la pasarela de La Ribera, el puente Euskalduna, a su juicio, «el mejor puente de España», el Puente Colgante...

-¿Es bonito Bilbao?

-«No necesita serlo. Ser Bilbao es más importante. A mí me gusta más que sea una ciudad viva, pujante, interesante, llena de savia. No necesita esa categoría de bonito o feo. Lo importante es el espíritu y aquí, su gente, está convencida de que es el ombligo del mundo. Y eso me gusta».

 
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