Domingo, 20 de mayo de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

EDUARDO CERVERA DE VELASCO, PRESIDENTE DEL CÍRCULO VITORIANO
«El Círculo debe abrirse a Vitoria, pero es complicado»
Reconoce que el principal problema de la entidad es la alta edad de sus socios, «por encima de los 70 años»
«El Círculo debe abrirse a Vitoria, pero es complicado»
EN DATO. Eduardo Cervera de Velasco mira por un ventanal desde la sede del Círculo Vitoriano, en pleno centro de la ciudad. / IGOR AIZPURU
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-La biblioteca es el sitio emblemático del edificio. Tiene libros de hace 150 años.

Eduardo Cervera cree que éste es el marco idóneo para hablar sobre el presente y futuro de una sociedad, el Círculo Vitoriano, en otras épocas influyente y que ahora busca una apertura a los nuevos tiempos. Y acierta de pleno, porque es un escenario perfecto, rodeado de historia, testigo de sesudos debates políticos y viajes a ninguna parte.

Cervera (Vitoria, 1945) cumple su tercer año como presidente del Círculo Vitoriano, una entidad que aglutina a cerca de 650 socios, rodeada de un pasado de esplendor. En los años sesenta llegó a tener 3.000 abonados. Le apasiona el motor y trabaja de agente de la propiedad inmobiliaria. Prefiere la Vitoria «provinciana» a la actual y reconoce que el Círculo «debe abrirse» a la sociedad local, «pero es complicado».

-¿El Círculo Vitoriano ha estado siempre en el mismo lugar?

-Siempre en el centro, en la calle Dato o en Postas. En Dato está desde los años cuarenta.

-Tienen la sede en una zona emblemática de Vitoria, en la sala de estar, como decía el ex alcalde Cuerda. ¿Qué ciudad se veía antes desde esta atalaya?

-Antes no había televisión y sólo abrían tres o cuatro cines. Entonces, en los años cincuenta y sesenta, la clase media estaba representada en el Círculo. Era el mejor lugar para observar a la gente, porque se paseaba de arriba a abajo, y con corbata. Y en las fiestas era un referente importante, con sus bailes, a los que venía toda la clase política.

-Y ahora, ¿qué Vitoria se observa?

-Una muy diferente. Ahora no hay nada de lo que entonces teníamos y podíamos disfrutar. Las ciudades provincianas tenían su encanto especial, ya que todo el mundo se conocía. Ahora hay una mezcla importante. Y, además, existe un ambiente de crispación en todos los sectores. Vitoria tenía cuarenta o cincuenta mil habitantes hace cincuenta años. Luego se abrió gracias al alcalde Luis Ibarra.

-¿Con cuál de las dos ciudades se queda?

-Me quedo con la provinciana. Poder ir por la calle y conocer a todo el mundo.

-Pero es lógico que las ciudades crezcan y se vuelvan en cierto modo impersonales.

-Sí, me parece bien y, además, es lógico. Pero me quedo con la Vitoria de antes.

-¿Cómo está de salud el Círculo Vitoriano?

-Tiene una buena salud. Es una sociedad sin ánimo de lucro. Es como un centro social, una especie de centro cívico sin piscina ni pista de tenis. No tenemos problemas económicos. Hace unos quince años se cambió de política y se arrendaron algunos locales. Y hoy, viviendo del bar y de los alquileres, va muy bien.

Vender patrimonio

-Pasaron por una época dura, en la que tuvieron que vender propiedades.

-Sí. En los años setenta hubo que vender patrimonio para poder sobrevivir. Fue a partir de 1986 cuando se cambió de política. Se cambiaron muchas cosas, como el portero que había en la entrada, de aspecto alemán, que abría la puerta y casi te hacía una reverencia. La gente que venía dejaba lo equivalente a un café. Y así es complicado subsistir.

-¿Tiene algún ideario el Círculo Vitoriano?

-Tiene un pacto tácito de no significarse políticamente con nada. Se puede hablar de política, pero sin significarse. En alguna ocasión, en tiempos de guerra, hubo alguna bronca gorda. Se dijo entonces que se hablaba de todo menos de política.

-¿Tiene poder de influencia en la clase política?

-No creo.

-¿Reciben la visita de políticos?

-Sí. El alcalde suele venir a tomar café. Y a veces se invita a las autoridades a los actos que se celebran. Cuando Mercedes comenzó a discutir sobre dónde iba a fabricar el nuevo automóvil, se celebró aquí una cena entre la empresa y las autoridades locales. Se llevó en secreto. Todavía no se ha resuelto dónde se va a fabricar el nuevo modelo, pero creo que se hará aquí.

-De puertas afuera da la sensación que se trata de un colectivo cerrado y de gente mayor.

-Es el principal problema que tenemos. Propugno la apertura a la gente joven, pero es difícil. No exigimos nada para entrar, sólo un poco de civismo. Por sesenta céntimos al día se puede ser socio. pero lo cierto es que la media de edad está por encima de los 70 años. El otro día revisé las fichas porque teníamos la intención de conceder una insignia a los socios que llevaran cincuenta años ininterrumpidos. Me encontré con que había más de sesenta. Hay algunos que llevan setenta años y hay socios de 96 años. Hay que abrirse, aunque ahora es complicado.

-¿Cuál es el socio de menor edad?

-Hay algunos de veintipocos, hijos de familias socias.

-¿Les cuesta quitarse la fama de entidad anclada en el pasado?

-La verdad es que sí. Tenemos cerca de 650 socios y somos una gran familia. Pero nos interesa que se produzca una apertura.

-¿Cree que Vitoria se mueve o es de los que piensa que no se hace nada?

-La clase política tiene los medios para hacer cosas por Vitoria, aunque muchas veces lo hace mal por interés de partido.

-¿Qué se ha hecho mal?

-El tranvía es el mayor disparate del mundo. En los años cincuenta sí tenía sentido; ahora, no. No se ha hecho un estudio serio de viabilidad, su coste por las molestias a los ciudadanos es increíble. Ir por la ciudad se está convirtiendo en un caos. Y eso que todavía no han puesto las catenarias, los aparcamientos que van a quitar...

Auditorio «en el centro»

-Habrá algunas cosas buenas...

-A veces hay discusiones bizantinas. Por ejemplo, el parking de Renfe. Todo el mundo sabe que desde el punto de vista técnico es más cómodo y crea menos molestias hacer un aparcamiento en la plaza de Amárica. Ahí hay mucho más espacio y la obra es menos complicada.

-¿Le gusta el multiusos?

-Está bien. A la gente de fuera le ha maravillado.

-¿Pensaba ir a ver a Elton John?

-No. Menos mal, porque al final no viene.

-Parece que Vitoria no puede aspirar a tener conciertos con gente importante.

-Es como pretender torear un toro de 1.200 kilos. Es un tío loco que hace lo que le da la gana.

-¿Le gustaba el Auditorio?

-Era una buena idea. Y me gusta en el centro. En Lakua será de segunda categoría.

-¿Qué haría con la plaza de la Virgen Blanca?

-Que hagan lo que quieran en la plaza, pero que dejen el monumento de la Batalla de Vitoria, es el santo y seña.

-¿Dejará algún día Vitoria de dar la espalda al Casco Viejo?

-Seguro que sí. Es un sitio formidable.

-¿Cuándo se hará el soterramiento?

-Tardará cuarenta o cincuenta años, como mínimo. Yo no lo veré, igual tú sí (se ríe).

-¿Le gustan los nuevos barrios?

-Zabalgana es un barrio magnífico, muy bien hecho, y Salburua no está mal.

-¿Hay que construir en el Sur?

-Para nada. No se necesita crecer tanto y tan rápido. Además, lo del Sur es un tema puramente especulativo.

 
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