Martes, 22 de mayo de 2007
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Algo se muere en el alma
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Dice la famosa canción que algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Si decir adiós es difícil, pero si al mismo tiempo decimos HOLA, como es el caso de la nueva plaza de toros-multiusos de Vitoria, ese dolor se templa ante la esperanza de un futuro mejor.

Decimos adiós a la ilustre roca de un céntrico edificio, pero nunca a los recuerdos, a las vivencias, a las alegrías y a las penas, a nuestra infancia y a nuestra juventud, al tremendo rito de lucha y muerte en el que fuimos iniciados o al arte de la sensibilidad y del sentimiento.

Decimos adiós a un coso taurino que se desploma. Pero en mi corazón quedan esas tardes de grana y oro junto a mi padre y a aquellos maravillosos maestros que pincelaban el ruedo vitoriano: El Viti, Paco Camino, Diego Puerta, Antonio Ordóñez Para siempre en mi retina permanecerá la tremenda controversia que producía Manuel Benítez, El Cordobés, maltratado por los 'entendidos' y alabado por unos espectadores que colmaban la plaza.

Pasados los años, con una plaza de toros cada vez más vetusta, y distinguiendo lo bueno de lo corriente, he continuado mis tardes inolvidables junto a Julio Robles, Paco Ojeda, Espartaco, El Yiyo, Joselito y otros tantos, que se han dado cita en la capital alavesa.

Decimos adiós, sí, pero al continente. Porque nos queda el contenido, un contenido que vislumbro ya en el horizonte con un bagaje lleno de arte, de magia y de grandeza.

Doy la bienvenida a una nueva plaza, una nueva gestión, grandes dosis de ilusión y, seguro que sí, muchas tardes de gloria, que todos los aficionados esperamos en el futuro cercano.

 
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