Es muy probable que, cuando el lehendakari Ibarretxe insiste, frente a la actitud más reticente de Josu Jon Imaz, en la necesidad de extender la alianza tripartita de su Gobierno a las tres diputaciones, tenga en mente lo que ocurrió, hace ya más de quince años, a raíz de las elecciones municipales y forales de 1991. También entonces, el tripartito que gobernaba en Ajuria Enea, integrado por el PNV, EA y la disuelta EE, tenía, en principio, la pretensión de proyectar su misma fórmula de coalición a los gobiernos de los tres territorios. Sin embargo, la insuficiencia del modelo en Álava forzó los pactos entre el PNV y el PSE tanto en este último territorio como en el de Guipúzcoa, además de en numerosos ayuntamientos de la comunidad. La consecuencia última de este cambio de alianzas propiciado por el PNV fue la crisis que culminaría con la ruptura del ejecutivo tripartito de Vitoria y la vuelta al antiguo gobierno de coalición entre jeltzales y socialistas.
Tras los próximos comicios del día 27, la situación podría repetirse. Todo indica que el tripartito entre PNV, EA y EB, incluso con el actual aditamento de Aralar, no va a ser suficiente para gobernar ni la Diputación de Álava ni el ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Por otra parte, tampoco es previsible -ni razonable- que vuelvan a repetirse en este territorio los gobiernos en minoría, dirigidos esta vez, en cada institución, por el respectivo partido más votado. La experiencia de la legislatura que ahora termina, así como las relaciones que han ido estableciéndose a lo largo de ella entre los tres principales partidos, hacen prever, más bien, que se logren pactos de gobernabilidad en las dos instituciones y que sus protagonistas sean el PNV y el PSE.
Tal eventualidad, que se prevé como la más probable, tendrá repercusiones en las alianzas que se formen en no pocos ayuntamientos de la comunidad y, sobre todo, en la Diputación de Guipúzcoa. Aunque, en este territorio, el tripartito entre PNV, EA y EB, reforzado, en esta ocasión, por Aralar, sumaran los escaños suficientes para gobernar la institución foral, no sería de extrañar que los socialistas trataran de hacerse fuertes esgrimiendo su papel necesario en otras instituciones del país. Su postura se vería reforzada por la incoherencia de un gobierno tripartito o cuatripartito cuyos socios discreparían sobre dos de los proyectos que el principal partido, el PNV, ha definido como estratégicos: el puerto de Pasajes y el tren de alta velocidad. No parecería edificante que se repitiera, en asuntos de tanta importancia, el desacuerdo que surgió entre PNV y EA, al final de la legislatura, sobre el impuesto de sociedades.
En cualquier caso, el asunto de los pactos está llamado a causar tensiones en el seno de los partidos y, sobre todo, en el del PNV. Pero, al final, el deseo de preservar la paz interna del partido, junto con el temor a desairar al lehendakari y a desestabilizar el tripartito de Ajuria Enea, hará que la ideología se imponga al programa y la doctrina a la gobernabilidad. j.l.zubizarreta@diario-elcorreo.com