«Por fin, un hueco para poder aparcar el coche». Eso sí, tras 25 minutos de búsqueda. El cierre del parking en superficie del campus, que ha perdido de un plumazo sus 200 plazas, y en cuyo solar se construirá un centro de investigación de la UPV, obliga a los conductores a buscar alternativas. Para ello, deben dar vueltas y vueltas y tardan casi media hora en estacionar su vehículo en el barrio de San Cristóbal y sus alrededores.
EL CORREO quiso conocer ayer la situación y se desplazó a la zona para comprobar 'in situ' el problema. Constató que los vecinos y los estudiantes dan vueltas sin parar y decenas de ellos dejan sus turismos encima de las aceras o, incluso, en plazas de minusválidos. De momento, se conforman con que la Policía Local «no se hinche a poner multas». Piden esa complicidad porque tienen muy claro que «aquí no hay quien aparque».
Cronómetro en mano, los dos redactores de este diario que acudieron a San Cristóbal intentaron estacionar en varias ocasiones durante toda la mañana para comprobar que, a diferentes horas, se tarda entre 10 y 25 minutos en conseguir un hueco. La suerte es un factor determinante, pero es evidente que las calles que rodean al parking del campus, ubicado en Nieves Cano, están repletas de vehículos.
El recorrido comienza a las 9.20 de la mañana. A esa hora, el aparcamiento de la UPV, antes repleto de coches, sólo es utilizado ya por autobuses que transportan a estudiantes, y únicamente en parte. La grúa municipal no tarda en aparecer para llevarse un Opel Vectra que aún sigue dentro. «No nos queda más remedio», explica un policía. El guarda jurado del campus charla con los obreros, que ya han vallado el recinto. «¿Dónde va a dejar el coche esta gente ahora?», dice con ironía. No hay respuesta. Lo mejor será comprobarlo.
«Te puedes volver loco»
Primer intento desde Manuel Iradier con entrada al parking de Renfe. El vigilante agita los brazos para comunicar que está lleno. Habrá que ir al corazón del campus. El conductor intenta entrar a un estacionamiento interior de vecinos ubicado justo enfrente del de la UPV, como hacen otros vehículos.
Félix Nájera, vecino de la zona, acaba de salir de su portal y explica que «aquí entran y salen cincuenta veces, es una vergüenza. Si sacas el coche ya has perdido la plaza». Tras varios rodeos es evidente que las calles Herminio Madinaveitia, Flandes y Francisco Tomás y Valiente tienen decenas de vehículos encima de las aceras. Al final, por fin se encuentra un sitio libre en el Paseo de la Zumaquera. La búsqueda ha durado 20 minutos.
Después de una pausa, el segundo intento es aún peor. El estacionamiento de Domingo Martínez de Aragón, el mismo que el Ayuntamiento quiere ampliar para ganar plazas, tiene hasta 23 coches subidos encima de las aceras. «Aquí te puedes volver loco, menudo caos», exclama José Manuel Bohenaga, que llegará tarde al laboratorio de Farmacia. Algunos han dejado su utilitario en plazas de personas minusválidas, que no han dudado en colocar pegatinas en las carrocerías de los turismos 'intrusos'. El mensaje de los adhesivos tiene su punto sarcástico: «Me has quitado el aparcamiento, ¿quieres también mi discapacidad?» Sigue el recorrido y por fin, a las 12.35, premio en el Paseo de la Universidad. Han sido 25 minutos de giros de volante y de consumo de gasolina.
La tercera 'ronda' por San Cristóbal, a las 13.30, sirve para certificar que calles como Paseo del Batán, Álava o Comandante Izarduy siguen repletas de coches. Al final, tras diez minutos de búsqueda, parece que huir hacia el Sur es una buena idea. En Zumabide hay sitio de sobra. De momento.
i.cueto@diario-elcorreo.com