La residencia Arana se vistió ayer de gala para celebrar sus bodas de oro. La maternidad inaugurada el 27 de mayo de 1957, con el nombre de Ortiz de Zárate, es hoy un geriátrico de la red foral con recuerdos y reivindicaciones propias. Como señaló, entre familiares, trabajadores y políticos, el casi nonagenario presidente de la junta de gobierno de la residencia, Manuel Martín, «se trata de refrescar la historia para recargar energía y seguir adelante».
De sus palabras se hizo eco el diputado general en funciones, Ramón Rabanera, al admitir que «somos conscientes de que se necesitan mejoras» y anunció «un plan para renovarla a fondo». Rabanera ratificó su «compromiso con los mayores que nos han dejado su herencia».
El complejo dejó de ser maternidad en 1983, cuando se transformó en la primera residencia pública de personas mayores. Tenía sólo 15 plazas. «Ahora hay 161 y otras 65 para centro de día», detalló la diputada de Bienestar Social en funciones, Ainhoa Domaica.
Anécdotas y exigencias
Sobre ello sabe mucho Carmen Riel, que con 21 años se estrenó como comadrona en el segundo día de andadura de la maternidad. Cientos de partos y experiencia en sus manos que ayer recordaba con sus compañeras Encarni Armentia y Merche Pagalday mientras contemplaba fotografías de la época. «Hacíamos turnos de 24 horas, con una media de 8 ó 9 partos al día. Una tiene el récord de trece partos en un día, desgranaban. Nacimientos de trillizos inesperados, salidas intempestivas en medio de una fuerte nevada e incluso un parto en las escaleras son anécdotas indelebles en su memoria.
Al igual que el de las huertas que hace medio siglo rodeaban el centro, como bien sabe José Manuel Sarandona, natural de Gernika que con 28 años vino con su mujer Juli a trabajar a una fábrica de Vitoria.
«Aquí nació mi hijo», recuerda a punto de cumplir 80 años, ocho de los cuales han transcurrido precisamente en la residencia, donde vive con su esposa.
Cristina Ferrer aprovechó la fiesta para enumenar algunas de sus peticiones. «Mi padre está aquí y hay que hacer muchas mejoras, más cuidados e higiene y mejor atención». También Raúl Urquijo, portavoz del sindicato ESK, reclamó «un incremento de plantilla, nuevas camas eléctricas y mejores elevadores que faciliten la movilidad de los usuarios». Todo sea para poder celebrar los próximos cincuenta.