El servicio de los serenos de Vitoria no ha conseguido sobreponerse al escaso respaldo encontrado entre los ciudadanos. Tras su estreno ilusionante en 2005, los vigilantes superaron el periodo de prueba de seis meses y desde ese momento una empresa privada empezó a gestionar sus intervenciones. Lo que era un plan de empleo se convirtió además en un negocio, y era necesario buscar la viabilidad del proyecto para asegurar su futuro.
La empresa Serenos-Gauzainak comenzó diversas campañas para captar socios entre comunidades de vecinos y comerciantes que estuvieran dispuestos a pagar una cuota mensual que sustentara el proyecto. El precio solicitado fue de 2 euros por piso y 20 euros por tienda o bar. A día de hoy, algo más de 200 personas han sellado su compromiso. La cifra parece insuficiente a tenor de las expectativas generadas.
Sin apoyos
En enero de 2006, el concejal de Promoción Económica, Fernando Aránguiz, manifestó que la empresa debería conseguir unos 500 asociados. «Si no llega a esa cifra andará mal», reconoció.
En la práctica, el Gabinete Alonso se ha quedado solo en la defensa del servicio frente a la oposición. PNV, EB y EA han exigido en reiteradas ocasiones que el Ayuntamiento deje de pagar dinero a la firma porque su proyecto «no es viable», un mensaje que el PP parece haber asumido ya. El PSE, en cambio, siempre ha apostado por «reorientar» el plan para relanzarlo.