Las patrullas nocturnas de los serenos de Vitoria están en la cuerda floja. El servicio, que volvió a las calles de la ciudad hace 18 meses, tiene muchas posibilidades de desaparecer si nadie lo remedia. Según ha podido saber EL CORREO, el Ayuntamiento no renovará el convenio con la empresa privada que ahora gestiona la labor de los vigilantes, un acuerdo que concluye el día 12, y con el que se financia buena parte de su actividad. Sin esa aportación económica, la firma no podrá mantenerse, por lo que sus empleados se quedarán sin trabajo en dos semanas. La crisis viene precedida de una fuerte polémica laboral que ha enfrentado a la plantilla con los actuales responsables del proyecto.
Los serenos volvieron a las calles de la ciudad el 12 de diciembre de 2005 tras un largo periodo de 38 años. El servicio fue impulsado por el Ayuntamiento y el Gobierno vasco, que invirtieron 450.000 euros en formar a los patrulleros y en sufragar sus primeros seis meses de prácticas. La plantilla está formada por parados de larga duración que consiguieron un empleo gracias a esta iniciativa.
El 13 de junio de 2006, una empresa privada tomó las riendas del servicio y puso en marcha Serenos-Gauzainak bajo la tutela de la asociación de comerciantes Gasteiz On. A partir de entonces, el Ayuntamiento se comprometió a subvencionar a la firma con 276.000 euros para que siguiera en la calle durante un año. Lo hizo como un cliente más, para compensar que los vigilantes prestaban un servicio ciudadano y evitaban actos vandálicos. Al mismo tiempo, la empresa inició, con es-caso éxito, la búsqueda de socios que abonaran una cuota mensual.
Desencuentros
Los serenos se vieron envueltos en una tormenta interna a principios de este año, que reveló un pulso entre los trabajadores y la empresa. Primero, tres empleadas denunciaron que habían sido víctimas de despidos «sexistas», lo que provocó durísimas críticas de la oposición y de los sindicatos ELA y CCOO. Los portavoces de la firma siempre han negado de forma tajante las acusaciones.
Acto seguido, los serenos denunciaron a la empresa para exigir una subida de sueldo y cobrar tanto como el trabajador más 'raso' del Ayuntamiento, es decir, entre 1.800 y 2.100 euros al mes.
Fuentes próximas a la plantilla confirman que el clima laboral «ha ido a peor» en los últimos meses y que, por si fuera poco, la compañía da por hecho que el proyecto «no es viable» porque no hay suficientes asociados. Este periódico quiso confirmar ayer este extremo con su gerente, que eludió realizar declaraciones.
Cooperativa
El golpe definitivo ha llegado cuando el Ayuntamiento ha decidido paralizar su aportación económica a los serenos. Los vigilantes del peto naranja acaban de recibir una carta en la que la empresa les anuncia su despido. El día 12 acaba el convenio con el Consistorio y no se ha renovado, cita el texto, de forma que se ve obligada a «amortizar» los puestos de trabajo. Cada vigilante recibirá una indemnización de 20 días por año trabajado.
Fuentes solventes confirmaron ayer que el Ayuntamiento ha intervenido para que la plantilla -en la que ahora hay ocho vigilantes- mantenga sus puestos de trabajo. De hecho, ha ofrecido a la organización empresarial asturiana Asata que tome las riendas del servicio. En principio, la propuesta se basa en adoptar el sistema que utilizan los serenos de Gijón, que en 2005 formaron una sociedad anónima laboral en la que los empleados son socios de la empresa.
La fórmula, muy similar a la de las cooperativas, puede ser la última alternativa para 'resucitar' a los serenos de Vitoria.