Tres y media de la tarde. En la explanada exterior de la facultad de Farmacia del campus alavés un enjambre de estudiantes apura 'in extremis' los últimos minutos antes de enfrentarse al examen más temido por cualquier preuniversitario: la Selectividad. Es la primera prueba a la que se someten fuera de las aulas de sus colegios e institutos, ante un tribunal desconocido y, se quiera o no, el momento impone. Y mucho.
Buena parte de los jóvenes llega al campus acompañado por los tutores y profesores que a lo largo del curso han estado preparándoles para superar con éxito esta reválida que, con la venia de los números 'clausus', les asegurará una plaza en la Universidad. Es la hora de despejar las últimas dudas, de formular las últimas preguntas, de repasar en grupo y de rogar a todos los santos que el examen sea «fácil».
«Que caiga San Agustín, por favor. Es el más fácil y el que mejor llevo», pedía con voz piadosa Pablo, un alumno del colegio Ursulinas. A su lado, otro grupo de Corazonistas hacía su porra particular. «Yo creo que caerá Platón. Es uno de los fijos todos los años», se atrevían a presagiar los chavales. Ya fuera el uno o el otro -o Descartes, o Nietzsche u Ortega y Gasset- lo cierto es que la 'filo' no es, ni de lejos, la asignatura mejor valorada entre los estudiantes. «Es un tostón, pero yo la he elegido porque es más fácil que la Historia y porque encima hay que estudiar menos», explicaba Amaia, justo antes de dar el carpetazo definitivo a sus desordenados apuntes.
Con poco tiempo
La mayoría, en cambio, se resistía a desprenderse de los esquemas y de las fotocopias que evidenciaban el «tocho» que algunos habían tenido que memorizar en apenas una semana. «Los que suspendimos alguna no hemos tenido apenas tiempo para preparar la Selectividad. Nos dieron las notas la semana pasada y hoy (por ayer) ya nos estamos examinando», se quejaban Iván y Álvaro. Fundada o no su protesta, lo cierto es que los alumnos vascos han sido los primeros en abrir la veda de la Selectividad. «Lo bueno es que, si aprobamos, también seremos los primeros en estar de vacaciones», se consolaban estos dos amigos.
El reloj marca las cuatro menos diez y la tensión se palpa cada vez más en el ambiente. El examen de lengua centra la preocupación de un grupo de amigas de 'la Presen'. «¿Dónde escribe Pérez Reverte? ¿Y Juan Manuel de Prada?», preguntan a los periodistas que cubren el arranque de la Selectividad. «En 'El Semanal'». La respuesta les deja más tranquilas. «Es que en estos momentos parece que todo se olvida», justifican. La llamada de sus profesores dicta para sentencia el repaso. Los apuntes regresan poco a poco a las mochilas, mientras los estudiantes enfilan las escaleras que les conducen a sus correspondientes aulas. Las puertas se abren y los chavales toman nota de las reglas del juego: «sobre la mesa, sólo un boli, el DNI y el papel de la matrícula», les repite la encargada de velar por que las 'chuletas' y los chivatazos queden lejos de su alcance.
A Yurema se le ha olvidado esto último. El susto se refleja en su rostro, pero Juantxo, su profesor de Economía, le soluciona la papeleta. Pablo no se ha acordado de coger su reloj. Suerte que su hermana andaba por allí para prestarle el suyo. Los imprevistos no dejan de surgir hasta que a las cuatro y diez las puertas se cierran. La suerte está echada. ¿Platón, San Agustín, Pérez Reverte, Rosa Regás, la Guerra Civil o el Franquismo? Sólo ellos lo saben. Hoy, más y mejor. Mañana, turno para los idiomas. Y para las esperadas cenas de clase.