Conducir en Vitoria, como en cualquier ciudad saturada de vehículos, es una tarea harto complicada. Y puede convertirse en un suplicio cuando se circula en horas punta, es decir, poco antes de las tres de la tarde. Si no que se lo digan a un vitoriano que el pasado 31 de mayo tuvo que soportar la ira de un chófer de Tuvisa que, ya sea por prisa o por impericia, le cortó el paso y, según ha denunciado en la Policía Municipal, le embistió con el autobús después de discutir con él.
Eran las 14.45 horas, cuando una furgoneta Mercedes Vito, de color amarillo, circulaba por la calle Portal de Foronda, en el tramo comprendido entre Francisco Javier Landaburu y Juntas Generales. El vehículo ocupaba el carril derecho cuando observó cómo un autobús de Tuvisa se le acercaba «a velocidad» por detrás. Con un giro brusco se desplazó al carril central, hasta adelantar al vehículo.
El problema llegó cuando el urbano fue a ocupar la parte derecha de la calzada, el camino lógico para acceder a la calle Juntas Generales. En ese momento se volvió a topar con la Vito. A su conductor, asustado, no le quedó más remedio que apretar el claxon. «Le obligó a frenar bruscamente hasta detenerse para evitar que colisionara con la furgoneta», reza la denuncia. Incluso, «le golpeó en el espejo retrovisor izquierdo».
Hasta aquí, lo normal en cualquier atestado de los que instruye la Policía Municipal cada día. Lo extraordinario de este suceso llega cuando el chófer de Tuvisa no tuvo a bien, siempre según consta en la demanda, parar su autobús. El denunciante mantiene que realizó gestos de todo tipo «para llamar su atención» con el propósito de detener el urbano. «Pero hizo caso omiso». Es más, el conductor de la furgoneta le recriminó su acción y le conminó a que pusiera pie en tierra «para comunicarle lo sucedido y hacer el parte amistoso por el accidente».
Embestidas
Pero al ver que no soltaba el volante, el conductor salió de su Vito y se colocó delante del autobús para impedir que se marchara «sin hacerse cargo de los daños». Lo peor estaba por llegar. El chófer del urbano «le golpeó con la parte delantera, desplazándole hacia atrás», reza el parte policial. Luego, una segunda vez. «De repente, el autobús volvió a embestir al conductor desplazándolo de nuevo hacia atrás», cuenta el demandante en el atestado.
La posterior llegada de la Policía Local, tras el aviso de la novia del conductor de la furgoneta, puso fin al esperpéntico capítulo. «En el lugar se han presentado varios agentes, los cuales les han tomado datos y les han hecho la prueba de alcoholemia», reza el escrito. Al final, el denunciante se fue al hospital, a instancias de la Guardia Urbana. Ahora será el Juzgado el que dictamine. Cosas del tráfico.